EUSKAL ETXEA DE LA CIUDAD DE MÉXICO
Extracto del trabajo de investigación de Amaya Garritz Ruiz
Cercano ya el fin del Porfiriato, surgía en 1907 el Centro Vasco en
México, como una Sociedad Cooperativa de Responsabilidad Limitada, fenómeno
que no puede entenderse exclusivamente como una creación de moda secular,
ni como una búsqueda de identidad en tierra extraña por los vascos
de principios del siglo XX, sino también como el resultado de una trayectoria
histórica del asociacionismo vasco en México.
1 EL ASOCIACIONISMO VASCO EN MÉXICO
Desde la llegada de los primeros conquistadores y colonizadores vascos, su idea
de asociarse constituye un hecho recurrente.
Es interesante destacar que en el siglo XVII, además del interés
educativo de un grupo de vascos en Nueva España, los originarios de Euskalherría
participaban en otros espacios de sociabilidad, a veces repletos de espiritualidad
como fue el caso de la Cofradía de Nuestra Señora de Aránzazu,
institución que dentro del cuerpo social novohispano, permitía
contar con un respaldo tanto para auxilios mutuos de sus integrantes como de
asistencia social, beneficiando a los pobres, a las viudas y a los huérfanos.
La Cofradía de Aránzazu estaba reglamentada eclesiásticamente,
pero mantenía un gran sentido de independencia, tanto respecto al Estado
como a la Iglesia y su presencia en la ciudad de México se remontaba
al último tercio del siglo XVII, habiendo sido fundada por instrumento
notarial el 18 de diciembre de 1681. No sobra decir que en un primer momento
congregó a los naturales y originarios del señorío de Vizcaya,
las provincias de Guipúzcoa y Álava y del Reino de Navarra, bajo
el amparo de la devoción mariana de la Virgen de Aránzazu.
Todavía a mediados de siglo XVIII prevalecía en la Nueva España
la opinión de que no era necesario impartir una amplia instrucción
a la mujer, y aun cuando en los conventos de monjas, se admitían niñas
y se les enseñaba a leer y escribir, completando su formación
con las labores domésticas y la fabricación de curiosidades, no
existía ningún colegio para el sexo femenino . A partir de la
tercera década de ese siglo, un heterogéneo grupo de vascos en
respuesta a este vacío cultural se unieron en México, su patria
de adopción, para la creación de una institución que diese
educación y formación a las mujeres, el famoso Colegio de San
Ignacio, más conocido como el de las Vizcaínas. Cabe destacar
que los impulsores tenían una elevada posición que destacaba en
innumerables aspectos de la vida novohispana. Pertenecían a la Real Sociedad
Bascongada, que tuvo mas socios en México que en su lugar de origen,
y procedían del clero, la nobleza, la cultura y la empresa, contando
con innumerables nexos en el mundo económico que los vinculaba a su vez
a medianos mercaderes, modestos industriales o simples trabajadores.
La unión de los vascos a partir de Vizcaínas o de la Real Sociedad
Bascongada de Amigos del País, ha generado una literatura abundante,
se mantuvo a pesar del movimiento de la independencia política de España
gracias a la Cofradía de Nuestra Señora de Aránzazu.
Fue hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando los vascos en México
resultaron afectados como grupo a consecuencia de las reformas legales del presidente
Benito Juárez ya que la Cofradía de Nuestra Señora de Aránzazu
fue disuelta y dejó de existir a partir de la orden dictada por el ministro
de Hacienda Melchor Ocampo del día 6 de enero de 1861. La Cofradía
había mantenido sus funciones durante 179 años, celebrando su
última junta el 17 de noviembre de 1860. Sus bienes fueron adjudicados
al Colegio de San Ignacio de Loyola, Vizcaínas fundado por ellos, lo
que significó que éste administrara sus fondos y capitales provenientes
de obras pías.
1.1 La Asociación Vasca de San Ignacio de Loyola
Tras las Leyes de Reforma en 1867 y la desaparición de la Cofradía
de Aránzazu, la comunidad vasca sufrió un revés en una
larga trayectoria de asociación comenzada en el siglo XVII. Son años
en los que pesó la relativa suspensión de emigrantes tras la independencia
de México aunado a la vacilación en la política migratoria
de los gobiernos en turno.
La paz interna (barrera constante de las épocas anteriores que impedía
que se realizaran con éxito los programas de atracción de población
extranjera a México), una relativa capacidad económica del país
y la superación de la intolerancia religiosa provocaron que bajo la presidencia
de Porfirio Díaz (1876-1910) la política migratoria tomase un
nuevo rumbo.
A mediados del Porfiriato y más claramente a partir de 1890 la población
extranjera en suelo mexicano ascendió considerablemente en comparación
con las etapas anteriores.
El asociacionismo en México vivió por tanto un auge inusitado
a principios de siglo producto de esa emigración exógena.
No obstante es a partir de estas asociaciones nacionales, concretamente de
la Junta de festejos de Covadonga, dependiente del Casino Español, donde
comienza la historia del asociacionismo vasco del siglo XX.
La Junta de Covadonga era a principios de siglo el órgano visible de
la comunidad española presidida por Telésforo García, importante
miembro de la comunidad quien había presidido la Cámara de Comercio
Española, el Casino y la Sociedad de Beneficencia Española. Corría
el año de 1902 cuando se anunció un concurso de bailes, y la Junta
comisionó al entusiasta vasco Enrique Benéitez para que presentase
el baile del Aurresku, desconocido hasta entonces en México.
¿Quiénes conformaban entonces la comunidad vasca en México?
¿Eran un grupo numeroso para solicitar su presencia en las fiestas de
Covadonga? Todo parece indicar que los vascos en México, vivían
a principios de siglo momentos de desintegración y cierta falta de continuidad
histórica. El cronista Emilio Rodríguez Iglesias escribió
que “la colonia vascongada que ha descollado entre las demás siempre
por su adelanto, por todo lo que concurre al florecimiento de las entidades
sociales, puede decirse que antes del año de 1902 era casi desconocida
aquí, se entiende, colectiva y socialmente”. El mismo autor añade,
“compuesta en su mayor parte, por elementos netamente laboriosos, apegados
al trabajo rudo y a las lides de la vida se había preocupado poco por
asociarse, por hermanarse, materialmente, que moralmente lo ha estado siempre,
en vínculo estrecho, en consorcio fraternal, y en darse brillo con manifestaciones
extrañas a su propio carácter”.
A Enrique Benéitez, quien parece reunir en su persona las características
pertinentes de enlace con los vascos en México y presencia dentro de
la colonia española, lo podemos considerar uno de los principales propulsores
del Centro Vasco, desde la retaguardia. Con la comisión de organizar
el baile preparó a 18 parejas de jóvenes vascos para participar
en el certamen.
Él mismo para dar ejemplo a los demás y para demostrar el cariño
a las costumbres del hermoso suelo que lo vio nacer, viste el clásico
traje de alcalde de pueblo, y Epifanio Oria, no menos entusiasta y no menos
avaro de aquesas preciadas tradiciones viste los hábitos seglares y hace
el papel de cura; cuatro aguerridos mozos, entre ellos Paulino Arena, de imperecedera
y gratísima memoria, uniformanse de Miqueletes para completar el típico
y colorido cuadro que ofrece un baile a la aldea.
El grupo de danzantes organizado por el señor Benéitez, al efectuar
los primorosos y gallardos bailes vascongados, al son de tamboriles y chistus,
hábilmente tañidos por los señores Zorrondegui (padre e
hijo) entusiasmó muchísimo no sin conquistar lauros y palmas sobradamente
merecidas, a más de un primer premio en el concurso abierto por la Junta
de las fiestas de Covadonga.
Enrique Benéitez, quien en 1911 llevaba 28 años de residir en
México, es por otro lado un buen ejemplo de los sentimientos de un importante
sector de emigrantes vascos en el México de principios de siglo. A raíz
de una disputa con el luego socio del Centro Vasco, Fernando de Zavala, respecto
a la fecha de constitución de la Agrupación Vasca de San Ignacio
de Loyola, Benéitez escribió que, “hasta el año 1902
la Colonia Vascongada residente en México, ni había tomado parte
activa en ninguna fiesta regional, ni tampoco se había distinguido en
festejos españoles, presentados en su forma característica, o
tomando como los hijos de otras regiones españolas, el lugar que correspondía
como miembros e hijos de España”.
Son momentos en los que la comunidad vasca reclama en México un lugar
dentro del “cajón de sastre”, en ocasiones con sentimientos
más de regionalismo que de nacionalidad, y desde luego lejos de disputas
y disquisiciones sobre ¿quiénes debían ser considerados
vascos?
Los ensayos que se efectuaron en el Tívoli del Eliseo preliminares de
la presentación del típico aurresku, varios domingos antes de
las fiestas de Covadonga, atrajeron a la mayor parte de los vascos residentes
en la metrópoli naciendo entonces la idea de constituirse en la Agrupación
Vasca de San Ignacio de Loyola.
Impulsados por el entusiasmo de Benéitez, fue creciendo la idea de asociarse.
El acto anterior fue, sin duda el cimiento que sirvió de base para que
se formara la Agrupación Vasca de San Ignacio de Loyola, y para ello
se hizo un llamado a los residentes vascos a través de los periódicos
El Correo Español y Trait d’Unión.
Al festejo de Covadonga, siguieron pláticas para rentar el Tivoli un
domingo cada mes y celebrar allí las Juntas y los festejos familiares
. Cierto es que todos aquellos preliminares poco sirvieron. Sin local social
donde poder reunirse, unido a que el invierno se presentó al poco tiempo
el asunto se enfrió y así pasaron meses sin organización
social, y celebrando únicamente fiestas religiosas con la ayuda del Orfeón
Gayarre primero que los vascos fundaron bajo los auspicios de Vicente Villa.
El Orfeón Gayarre, tenía entonces su domicilio social en la calle
de Independencia, y allí a falta de otro espacio se fueron juntando los
vascos.
En 1904 para dar continuidad a lo proyectado se constituyeron como Junta, aunque
todavía no se le podía dar nombre oficial de “Agrupación
Vasca de San Ignacio de Loyola”. Quedó integrada en esta forma:
Presidente: Carlos Markassusa
Vicepresidente: Andrés Eizaguirre
Secretario: Bernardo Lamarain
Prosecretario: Enrique Benéitez y
Tesorero: Modesto Abrisqueta
Entre los vocales figuraban ya otros vascos que formarán parte de la
historia del Centro Vasco: Fernando de Zavala, Lorenzo Astivia, Juan Yrigoyen,
León Costes y otros entusiastas. No había entonces precisiones
por el lugar de origen, las fuentes no nos hablan de navarros, vizcainos, guipuzcoanos
o mexicanos. Para ellos todos eran vascos sin distinción.
Fernando de Zavala, al que mencionamos ya por su pleito con Benéitez,
fue comisionado para estudiar y presentar las bases que habían de servir
de norma a los estatutos sociales y como el tiempo apuraba se comenzó
en el interin a trabajar en pro de la comunidad.
Ese año de 1904 se nombró una junta de festejos para la festividad
de San Ignacio de Loyola, en ella intervinieron los señores Modesto Abrisqueta,
Fernando de Zavala y Florencio Orue.
Ese mismo año de 1904 se celebró la romería de San Ignacio
en el Tívoli del Eliseo y la misa de San Ignacio de Loyola tuvo verificativo
en la iglesia de San Francisco, donde antaño se congregaban los vascos
en torno a la imagen de Aránzazu.
El éxito alcanzado motivó a la Junta Directiva para tratar de
adquirir en propiedad una casa que sirviese de domicilio o centro social y lograr
el empréstito necesario para consumar la operación. Hubo posteriormente
varias reuniones preliminares en el despacho de Carlos Markassusa, y entre los
miembros que integraban la junta se suscribieron varios miles de pesos, con
los que se comenzó a trabajar.
No se pudo adquirir ninguna propiedad, pero Fernando de Zavala siguió
trabajando para presentar las bases de lo que después constituiría
el germen de los Estatutos Sociales.
El 7 de mayo de 1905 fueron aprobados los estatutos constituyéndose
formalmente como Asociación Vasca de San Ignacio de Loyola. Se eligió
entonces por presidente a Andrés Eizaguirre, mientras la mesa directiva
contó con la participación de Juan Yrigoyen, Lorenzo Astivia,
Braulio Iriarte y Rafael de Murga.
Por primera vez participaban como comunidad los vasco-continentales que ya
no ocultaban su origen como ocurría hasta bien entrado el siglo XIX,
los exiliados de las guerras carlistas, y otros emigrantes atraídos por
la estabilidad del período gubernamental de Porfirio Díaz y pelotaris
profesionales. A ellos se sumarían otros vascos emigrantes fugitivos
de las guerras coloniales (Puerto Rico, Filipinas, Cuba, Marruecos).
A partir de la aprobación de los Estatutos quedó pendiente la
cuestión del domicilio social. Las fuentes guardan silencio a lo ocurrido
entre 1905 y 1907, año en el que se declara extinguida la Asociación.
2 EL CENTRO VASCO, SOCIEDAD COOPERATIVA DE RESPONSABILIDAD LIMITADA
2.1 Nace el Centro Vasco
El presidente de la “Asociación Vasca de San Ignacio de Loyola”,
Andrés Eizaguirre y los señores Juan Yrigoyen, Martín Urrutia
Ezcurra, Lorenzo Astivia, Rafael Murga, Bibiano Pérez Llorente, León
Costes, Santiago Eguia, Guillermo Lahirigoyen, Lucas Lizaur, el licenciado Alfredo
Arratia, Balbino Baquedano y Fernando Zabala, todos especialmente facultados
por esa misma asociación, se presentaron ante el notario público
Ramón E. Ruiz, para constituir el Centro Vasco de México.
La escritura quedó inscrita en el volumen 70-número 2,978 en junio
de 1907 y en la formalización del contrato quedaron las declaraciones
y cláusulas siguientes:
1. Forman una sociedad cooperativa, que tiene por objeto continuar el propósito
de la extinguida “Asociación Vasca de San Ignacio de Loyola”,
y además:
a) Proporcionar a sus accionistas un local decoroso destinado a conferencias
literarias y científicas, conciertos y demás reuniones que la
sociedad celebrará; clases de idiomas, contabilidad u otras que organice,
y a los juegos lícitos que establezca.
b) Adquirir por cualquier título legal bienes raíces y muebles
destinados exclusivamente al uso de la Sociedad; celebrar todos los contratos
civiles y comerciales que con estos mismos objetos se relacionan o sean conducentes
al fomento y progreso de la sociedad.
c) Estimular el amor al País Vasco y al idioma e historia vascos; y
d) Afianzar eficazmente las relaciones entre vascos.
2. Esta sociedad se denominaría “Centro Vasco. Sociedad Cooperativa
de Responsabilidad Limitada”; su domicilio radica en México y el
asiento único de sus operaciones, por ahora, en la casa número
nueve del callejón segundo de Santa Clara .
3. Su duración se fija en noventa y nueve años a contar desde
el día 11 de Noviembre de 1906 en que fue disuelta la “Asociación
Vasca de San Ignacio de Loyola”.
La primera Junta Directiva del Centro Vasco para los años 1907-1908
estuvo formada por:
Presidente. Andrés Eizaguirre
Vicepresidente. Juan Yrigoyen
Tesorero. Lucas Lizaur
Secretario. Bibiano Pérez Llorente. y Crisanto de Villar (interino)
Protesorero. Wenceslao Quintana
Prosecretario. Enrique Benéitez
Vocales: Joaquín Yrigoyen, Juan Yrigoyen, León Costés,
Martín Urrutia Ezcurra, Crisanto Villar, Lorenzo Astivia, Fernando Zavala
y Guillermo Lahirigoyen.
Suplentes: Estanislao Urquiza (+2 marzo 1908), Emilio Baquedano, Alfredo Arratia,
Alejandro Pérez Zabalgoitia, José Lecumberri, Pedro Zababra, Nicolás
Ruiz y Rafael de Murga .
Según se asentó en su constitución en 1907, el primer
domicilio social del Centro Vasco estuvo en la casa número nueve del
callejón segundo de Santa Clara. El presidente Eizaguirre, contó
en ese primer año con la colaboración inestimable de Martín
Urrutia Ezcurra, trabajando ambos “con verdadero tesón y ahínco,
con entusiasmo inusitado y echando mano de bríos y de sacrificios incontables”
. Ellos con la ayuda de unos pocos de los miembros procedieron a hacer la propaganda
del centro entre la comunidad vasca. Obteniendo respuesta favorable pues en
poco tiempo, se inscribieron más de 400 socios.
La casa de Santa Clara no era sin embargo un local apropiado por lo que una
comisión compuesta por los señores Andrés Eizaguirre, Martín
Urrutia Ezcurra, Bibiano Pérez Llorente y Enrique Benéitez se
apersonó con la señora Elena de Lizardi en la 1ª Calle de
las Damas número 5 , a quien se le hicieron proposiciones para arrendar
la finca de su propiedad no llegando a la postre a un arreglo del todo satisfactorio.
Por ausencia temporal del presidente del Centro Vasco Andrés Eizaguirre
fungió con este carácter Joaquín de Yrigoyen.
Por entonces se fundó el Orfeón Vasco al que dieron un gran impulso,
jóvenes como Paulino Arana, Serafín y Daniel Domínguez
Vidaurreta, los hermanos José y César Ataun, Miguel Varona, y
otros. De ellos dirá Rodríguez Iglesias que “fueron, durante
mucho tiempo, la alegría verdadera del Centro Vasco”.
Durante los primeros años de andadura del Centro, los socios alternaron
sus actividades con las fiestas y banquetes organizados por otras asociaciones
como El Orfeó Catalá, la Junta Española de Covadonga, la
Agrupación Aragonesa, el Casino Español, el Centro Gallego, el
Centro Asturiano, el Centro Castellano, el Centro Español, la Sociedad
de Beneficencia Española y al Centro Andaluz.
En ausencia de Martín Urrutia fue nombrado presidente Wenceslao Quintana
a quien tocó vivir un periodo administrativo caracterizado por la tensión
causada por la oposición tenaz que desde el casino español la
mayoría de la colonia española, manifestaba hacía todos
los Centros considerados como regionales. Rodríguez Iglesias al respecto
precisa “aun cuando el Vasco no tiene carácter de español,
a más de otras causas que concurrieron, amenazó a la Sociedad,
ya cimentada sobre sólidas bases, una situación bastante crítica
y el peligro por ende de disolverse”.
El domicilio social fue por fin trasladado al suntuoso edificio del Teatro
Colón en los pisos altos, primero y segundo, con su azotea. Contaba con
tres salones cómodos y adecuados, tanto por su situación céntrica
como por su elegante y buena construcción, ya que estaba ubicado en la
cuarta calle de Bolívar o del Colegio de Niñas, esquina con la
Avenida 16 de Septiembre.
Trasladado el domicilio social en 1909, se necesitó de un administrador
nombrándose a Dionisio Rodríguez, así como a un jefe de
restaurant, siendo elegido Pedro M. Urquijo.
El 16 de diciembre de 1909 se iniciaron las obras de remodelación, decorado,
carpintería, pintura, plomería y mobiliario de la Sociedad de
las que se encargó el primer vocal Bonifacio Tómpes.
Se abrió la suscripción por los que estuvieron presentes y el
registro para los demás socios. Para el mejor éxito de la operación,
se nombraron diversas comisiones de dos personas cada una, las que dieron cuenta
del resultado de sus gestiones a la Directiva. A los 15 días de nombradas
las comisiones recolectoras habían logrado la importante suma de 15,000
pesos efectivos.
En esos años Andrés Eizaguirre, “lleno de fe siempre, siempre
lleno de confianza y de cariño, trabajó con bríos incalculables,
con energías inauditas por hacer prosperar el Centro Vasco, logrando
ver coronados sus esfuerzos por el mas feliz y placentero éxito”.
Para 1910 el local había quedado acondicionado: al respecto Benéitez
escribió que, “sin temor a incurrir en mentira, es el primero de
los muchos establecidos en la metrópoli por su magnificencia y por su
lujo, y lo que es más, porque sus miembros están vinculados por
el lazo bendecido de la fraternidad y porque en todos ellos anidan los mismos
sentimientos de solidaridad y afecto”.
Andrés Eizaguirre falleció el 1 de octubre de 1910, celebrándose
sus exequias en el Panteón Español. Una comisión compuesta
por los señores Basilio Laca, presbítero, Víctor Madaleno,
Humberto Andragnes, Gonzalo Murga, Francisco Cilveti y Liborio Barandica, organizó
y llevó a efecto una velada necrológica en memoria de Eizaguirre.
El tesorero, Manuel Fernández donó un hermoso retrato del fundador
y la directiva organizó una misa en el templo de San Francisco en el
primer aniversario de su fallecimiento . Dicho retrato ocupó durante
muchos años un lugar de honor en la Biblioteca del Centro, que desgraciadamente
no se conserva.
El tiempo pasaba veloz, vertiginoso. Los cambios en el país se sucedían
unos a otros y el sueño porfirista tocaba a su fin. Para 1910 la política
ocupaba un lugar sobresaliente en los periódicos, lo cual constituía
un cambio notable. Al lado de las alabanzas a Porfirio Díaz y a las actividades
sociales de las diferentes comunidades, se hablaba de las giras de Francisco
I. Madero. Díaz estaba viejo y se dudaba de su resistencia para otros
seis años al frente del gobierno. Las elecciones eran una buena oportunidad
para renovar el equipo gobernante y la posibilidad encendía los ánimos.
Renovación o continuidad era el dilema y la política ocupó
un primer lugar no sólo en los editoriales de prensa, sino en las reuniones
de todos los centros sociales del país. En junio de 1910 se reportaron
levantamientos armados antireleccionistas en Yucatán. El foco prendió
en otras poblaciones y las fuerzas federales acantonadas en Mérida reprimieron
el levantamiento. El país anunciaba un gran descontento y la facilidad
con que podía estallar el polvorín.
Con esta sombra el Centro Vasco continuaba su vida, aparentemente despreocupada
de la situación nacional. 1910 era un año doblemente importante,
había que festejar las consabidas fiestas de San Ignacio y como residentes
en el país participar en las fiestas del Centenario de la Independencia,
apoteosis del porfirismo, programadas para el mes de septiembre.
Dentro de este contexto es necesario recalcar que las actividades más
significativas de los socios vascos de aquel entonces eran las relacionadas
con el mundo del pequeño comercio, mediano o grande, y en menor medida
con el mundo de las finanzas; es decir con el mundo del capitalismo. Hay que
recordar que el Porfiriato estaba abocado a modernizar la sociedad mexicana
y a transformar sus estructuras económicas para insertarla, a su manera,
dentro de las grandes corrientes del capitalismo mundial. Por sus vínculos
y sus redes familiares y sociales, los vascos, al igual que el resto de los
españoles que llegaban podían integrarse con cierta fluidez en
un mercado laboral de origen ibérico más o menos protegido, que
si bien les exigía esfuerzo y trabajo, también les garantizaba
remuneración segura y, paulatinamente, bienestar material. En otras palabras
los emigrantes vascos de entonces formaron parte de una inmigración que
podemos considerar privilegiada que les facilitaba la inserción en un
mundo estructurado por la propia comunidad y a menudo les auguraba, eventualmente
un ascenso social e incluso para algunos una estrecha vinculación con
las cúpulas del poder político y económico del país.
2.2 Recuperación del Colegio de las Vizcaínas
Un hecho fundamental en la vida cultural vasca de México tiene ya lugar
entre 1910 y 1911, cuando los socios del Centro acordaron hacer las diligencias
necesarias y recuperar para el elemento vascongado la administración
de la fundación “Colegio de las Vizcaínas”. A tal
efecto se nombró una comisión que lo lograría en 1912.
Las fiestas de San Ignacio de Loyola de 1911 volvieron a celebrarse. El programa
comprendió la festividad religiosa oficiándose una misa en el
suntuoso templo de San Francisco. Continuó en el Frontón Nacional
donde acudió numeroso público. Los pelotaris fueron Egea y Ayestarán
contra Alberdi y Odriozola. El segundo partido magistral: los hermanos Erdoza
contra Isidoro y Navarrete y para terminar el festejo la romería en el
Tívoli del Eliseo, donde las familias se reunieron una vez más
para disfrutar de una kermesse (verbena), con tiro al blanco, tómbola
y volantín.
Poco llevaba de andar el Centro Vasco cuando pequeños incidentes empezaron
a marcar distancias y divergencias tanto de forma como de fondo que afectarían
en los años sucesivos.
En octubre de 1911, siendo presidente Juan Martín Yrigoyen , llegó
al Centro Vasco una carta dirigida por el socio Isidoro María de Eskauriatza,
pidiendo declarase el presidente si el uso de las banderas regionales vascas,
en los sucesivo, juntamente con los pabellones francés, español
y mexicano, se considerará por la Directiva como atentatorio al art.
5 de los Estatutos. Se acordó contestarle que “se atendrá
estrictamente a lo que disponen los Estatutos”.
Ese mismo mes de octubre tras una reunión celebrada con el Casino Español,
se trató de la conveniencia de participar en los festejos populares que
ya habían iniciado diversos centros de la capital, el comercio, la banca,
la agricultura y otros., y secundados por el elemento oficial, en la toma de
posesión del presidente de la República Francisco León
de la Barra que acaba de ser electo, así como de idear la forma de dichos
festejos. En la junta del día 18 se convino que cada delegado consultara
a sus respectivos compañeros de Directiva y se acordó que el Centro
Vasco no podía y no debía eximirse de la participación.
Con este motivo, varios socios enviaron el siguiente día 15 de noviembre
el siguiente escrito:
Los que suscriben socios del Centro Vasco de México, ante ud. con los
debidos respetos, exponen:
Que habiendo llegado a noticia de los firmantes que la directiva de ese respetable
Centro anda en inteligencia con la directiva del Casino Español a fin
de organizar ciertos festejos para los que ha contribuido con determinada cantidad,
nos permitimos hacer las siguientes consideraciones:
1ª. El Centro Vasco de México tiene bien definida y propia personalidad
y nunca debe asociarse por lo mismo a otra entidad reconociendo superioridad
a la dicha entidad asociada y creyendo depender de colectividades con las que
no ligan lazos de ninguna especie; resultando de esto que el Centro Vasco, a
nuestro juicio, como entidad independiente y de personalidad reconocida y nunca
como cola y agregado de otra asociación.
2ª. El Centro Vasco de México ha sido fundado para cumplir fines
exclusivamente de vascos, para enaltecer el nombre, historia, idioma, literatura
y raza vascos y para glorificar al País Vasco en sus 7 regiones de Araba,
Bizkaya, Guipuzkoa, Nabarra Alta, Nabarra Baja, Laburdi y Zuberoa y, no ha ser
elemento para enaltecer otras colectividades agregándose a alguna de
ellas, prescindiendo de sus fines vascos y hasta de su nombre vasco.
3ª. El Centro Vasco de México está compuesto de elementos
vascos de ambas vertientes del Pirineo de los que unos obedecen al Estado Francés
y otros al Estado Español. Lógico es pues, que el Centro Vasco
no pueda oficialmente formar amalgamas con el Círculo o Casino Francés
porque los elementos del sur de los Pirineos o sea los arabeses, bizkainos,
guipuzcoanos y los de la Nabarra Alta formularan naturalmente su más
enérgica protesta, porque ellos no se han asociado al Centro Vasco para
ayudar en ningún sentido a la Colonia Francesa, e idéntica protesta
formularían los elementos de Laburdi, Zuberoa y Nabarra Baja, en el caso
de que agregándose en alguna ocasión al Casino Español
se tratara de ayudar a la Colonia Española.
4ª. El Centro Vasco de México como queda dicho en la consideración
segunda, persigue fines exclusivamente vascos y, si alguno o algunos asociados
en su calidad de súbditos franceses desean conseguir algún fin
francés pueden asociarse al Círculo Francés para ese objeto,
y, si alguno o algunos socios en su calidad de súbditos españoles
desean conseguir algún fin español pueden asociarse al Casino
o Centro Español establecidos para ese objeto, y patrocinados por las
respectivas directivas y en sus calidades de súbditos franceses o españoles
pueden proponer lo que desean y, contribuir con las cantidades que quieran en
su calidad de tales súbditos, pero jamás podrán representar
oficialmente al Centro Vasco de México ni en nombre de la colectividad
de vascos, ni como nativos del País Vasco.
5ª- Como resultado de las consideraciones anteriores, el Centro Vasco
de México es absolutamente independiente de los centros y casinos que
hayan fundado las demás colectividades y, es imposible, aunque compuesto
de súbditos franceses y españoles, achacarle carácter francés
o carácter español, sino carácter exclusivamente vasco,
lo que deseamos se haga constar definitivamente de una vez y para siempre.
En consideración, señor Presidente, protestamos de que el Centro
Vasco de México tenga ligas de ninguna especie con el Círculo
Francés o el Casino Español, y que acuda como dependiente del
expresado Casino Español a los festejos a que nos referimos, y protestamos
también porque los fondos de ese Centro se utilicen en beneficio y ensalzamiento
de sociedades y colectividades extrañas y
Pedimos a esa honorable Directiva, suspenda sus negociaciones y tratos con
el Casino Español y retire los fondos ofrecidos por no ser dedicado a
conseguir ninguno de los fines que persiguen el Centro Vasco de México.
Firmando. Santiago Arechederra, H. Andragnes, J. B. Arrambide, Vicente Etchegaray,
M. Fernández, C. de Villar, Telésforo Aboitiz, Francisco Cilveti,
Emilio Cilveti, Martín Aguirre, T. Costes, Miguel Sanicolea, T. Hiribarren,
Benito Etchegaray, Lorenzo Berho, C. Aldecoa, Mauricio Uruchúa, Alfonso
Echenique, Juan Etchegaray, José Barreneche, Adrián de Zubikarai,
Alfonso Ansoleaga, J. Goldaracena, Florentino Aristia, Tiburcio Arrieta, Fulgencio
Arrieta, Juan Castaño, José Castaño, E. Elizagaray, Manuel
Arburúa, Ricardo de Sarachaga, Juan Linazasoro, José N. Goyarzu,
C. Villa Arbizu, Hilarión de Badiola, Victorio de Arana, Pedro Arrillaga,
L. Maguregui, J. B. Dithurbide, E. Angoitia.
En contestación al escrito, la directiva acordó:
Primero. No tomar en consideración la protesta de ustedes por apoyarse
en noticias que no son fidedignas y carecer por lo mismo de fundamento.
Segundo. Desestimar igualmente la petición que a esa protesta sigue
por adolecer del mismo vicio y además por ser indecoroso y atentatoria
a la seriedad de la Junta y al buen nombre del Centro.
Tercero. Manifestar a ustedes la pena con que ha visto que un exagerado celo,
no solo les lleve a desconocer la plena conciencia que esta Directiva tiene
de sus actos y el bien probado amor al Centro Vasco de cuantos lo forman, sino
también a prejuzgar hechos, sin estar en antecedentes de sus circunstancias.
Cuatro. Manifestarles también que por los medios reglamentarios pueden
ustedes pedir, si así lo creen conveniente, una Asamblea General u hacer
en ella los cargos que deseen es esta Junta Directiva, para que esta pueda rendir
entonces cuenta pormenorizada de su gestión. La contestación indicada
deberá ser enviada al señor Santiago Arechederra.
En virtud de las conciliadoras impresiones recogidas en las entrevistas que
tuvieron algunos de los firmantes del escrito de protesta con diversos miembros
de la Junta, finalmente se dió por terminado este incidente y quedó
sin efecto alguno, tanto el escrito-protesta como su réplica. Fue entonces
cuando habiendo llegado a esa Directiva escritos de diversas asociaciones españolas
que atribuían al Centro determinada nacionalidad, la Directiva resolvió
el 10 de diciembre de 1911: Que se denegarían en lo sucesivo las solicitudes
que viniesen atribuyendo al Centro nacionalidad determinada, bien sea española
o francesa; y que cuando viniesen simplemente al Centro Vasco de México,
considerándolo con el carácter vasco, único que le correspondía,
se aceptarían o desechazarían según conviniese.
Habiéndose ofrecido el socio señor Enrique Benéitez para
reorganizar el cuadro artístico de damas y caballeros de este Centro
que en algunas reuniones había actuado con general beneplácito,
se resolvió autorizarlo para gestionar la realización de sus propósitos,
nombrándolo director artístico del referido cuadro en diciembre
de 1911.
Ese mismo año, el 3 de diciembre de 1911, la directiva acordó
crear un “Fondo de Diversiones” iniciando una suscripción
para las Fiestas de Posadas, siempre populares en México antes de Navidad,
los días 16, 20 y 23 de diciembre y para repartir, como se realiza desde
entonces hasta hoy juguetes a los hijos de los socios en la fiesta de Reyes.
Frente a la problemática del país el Centro Vasco en 1912 tuvo
también que resolver otros asuntos domésticos. Ese año
se suscitó un problema en el edificio pues en la azotea, la Tabacalera
Mexicana, S. A., trató de colocar un anuncio luminoso para sus marcas
de cigarros, por entonces una compañía tabacalera rival, “El
Buen Tono, S. A.”, de la cual había sido gerente Andrés
Eizaguirre, ya pagaba al centro 100 pesos mensuales por su anuncio colocado
en los balcones del Centro Vasco. Había que evitar malestares entre la
firma patrocinadora y su rival pues peligraban unos ingresos extraordinarios
al Centro nada despreciables. Para ello se comisionó al presidente Miguel
Varona quien trataría de obtener en arrendamiento el uso de la azotea
y posteriormente subarrendarla a “El Buen Tono, S. A.” , lo cual
se consiguió .
El edificio presentaba ya serios problemas por las grietas que se abrieron
en el temblor de junio de 1911, y los socios se quejaron pues parecía
“que con los continuos movimientos sísmicos ocurridos últimamente,
se han agrandado y sería conveniente ordenaran la persona competente
que las examine y tome las medidas oportunas a fin de evitar accidentes o catástrofes”
.
2.3 El Centro Vasco en Madero 6
El edificio del Teatro Colón albergó al Centro Vasco hasta 1926,
año en el que el presidente en turno del Centro solicitó a los
propietarios realizar ciertas reparaciones necesarias que ocasionaban ruina.
Ante la negativa del dueño, el 25 de agosto el presidente José
Arteche y el vocal Miguel Pérez Zabalgoitia, comunicaron a la Junta la
entrevista que tuvieron con Suinaga, quien les ofreció para instalar
los salones y dependencias del Centro Vasco, la casa no. 6 de la calle Francisco
I. Madero, comprometiéndose a hacer todas las obras de adaptación
necesarias.
Durante el período 1920 a 1931, las actas de estos años dan cuenta
de que la sociedad y los tiempos iban cambiando, apareciendo actos de socios
que antes no sucedían y que merecieron una amonestación de la
directiva. Sirvan de ejemplo las del socio que se “atrevió”
a bailar con una sirviente en 1921 durante la presidencia de Teodoro Elcoro
o a los que ocasionaron peleas en estado de ebriedad y falta de respeto en los
billares que culminó con la expulsión de varios socios en 1923
bajo la presidencia de Blas Albisúa y en 1924 bajo la de Miguel Pérez
Zabalgoitia o incidentes en la cantina y en las comidas familiares o cuatro
expulsados con motivo de los gritos, frases altisonantes y poca compostura observada
en la Asamblea General de 1925, bajo la de Maximiliano Loizaga.
La directiva ayudó, como siempre, a muchos paisanos que así lo
requirieron, adquirió la suscripción a varios periódicos
y revistas y compró nuevas obras para la Biblioteca. Continuó
la realización de bailes recordando a los socios que en esos días
se abstuvieran de introducir en los salones a personas que no fuesen de su familia
y expresando las junta, la conveniencia de dar con alguna mayor frecuencia,
reuniones de carácter intimo, con el propósito de proporcionar
a las familias de sus asociados mayor número de fiestas en sus salones,
que a la vez de servir de recreo agradable a las mismas, contribuyesen a animar
a la sociedad, y procurar por este medio, que el número de socios fuese
en aumento.
Se continuó asistiendo a fiestas, homenajes y veladas organizadas por
los centros españoles y la Junta Española de Covadonga ante la
que el Centro Vasco tuvo un delegado y a veces dos. Participó por invitación
del Casino Español en la celebración de un gran baile de gala,
que la colonia española organizaba en septiembre con motivo del centenario
de la Consumación de la Independencia en 1921.
En febrero de 1922, estando en la presidencia Ignacio Goyarzu, se acordó
comenzar ya los preparativos para la función religiosa de agosto y habiendo
manifestado el presidente haber recibido la solemne misa que se cantó
en Loyola en conmemoración del centenario de la santificación
de San Ignacio, se nombró a tres entendidos y entusiastas para que procedieran
a organizar la parte coral y musical de la misa.
Desde el nuevo local de Madero 6, tras recibir infinidad de donativos y hacer
colectas entre los socios para amueblar con gran gusto los espaciosos salones,
se siguió con todas las actividades, entre ellas el Orfeón, las
giras campestres y las fiestas familiares a las que a veces, como en 1928 el
presidente Maximiliano Loizaga invitó a las autoridades representativas
de España y Francia, a los periodistas y donantes de muebles y enseres.
Un año después el 17 de octubre de 1928, bajo la presidencia
de Martín Oyamburu, el Centro Vasco contaba con 741 socios al corriente
de sus pagos, que descendieron a 669 para el 12 de julio de 1929, volviendo
a ascender el 19 de agosto a 680 y manteniéndose hasta el 10 de abril
de 1930 en que había 672 socios. Sus empleados eran en aquellos años,
un administrador, un cobrador, tres rayadores, dos meseros, un botones, un portero,
un paquero, un contador, una trapeadora, una ayudante, dos recamareras y un
velador.
2.4 Los años 30. Surge el Círculo Vasco Español
El profesor Xosé M. Beiras, señala que la estructura económica
española de los años treinta se definía por cuatro rasgos
fundamentales:
-atraso económico y social con rasgos de orden precapitalista
-escasa potencia autónoma del sector capitalista de la economía
-heterogeneidad estructural interna de la economía española
-concentración oligárquica del poder económico en un contexto
socialmente atrasado y a un nivel de desarrollo de las fuerzas productivas muy
inferior al correspondiente a una concentración de poder del tipo de
un capitalismo en fase monopolista .
La España de entonces (inmersa a su vez en un panorama mundial de la
crisis), era la de una gran “hambre” de tierra y de trabajo, un
país en el que se cuestionaba las estructuras tradicionales particularmente
en las regiones de latifundio y donde la explotación extensiva e incompleta
sólo proporcionaba una contratación insuficiente e irregular,
acentuada por la sequía de 1930.
México por su parte vivía asimismo los resortes de la crisis
mundial, sin embargo la colonia española de México no padecía
ni por asomo las penurias de los propios españoles, es por ello que desde
México se programaron diferentes ayudas a los necesitados en “la
madre patria”, a otros “españoles en el extranjero”,
así como a consolidar la infraestructura de la “colonia española
en México”. Una actividad que invadió la vida del Centro
Vasco en el período comprendido entre 1931 a 1936 y que posibilitó
una interacción del propio Centro con otras instancias españolas
en México, con la propia colectividad y con las autoridades españolas.
Relación llena de altibajos pero que trató de mantener un ambiente
de cordialidad.
Las acciones desarrolladas por el Centro Vasco fueron múltiples: con
el cónsul general de España y con la Cámara Española
de Comercio, se actuó de manera conjunta en asuntos como la recaudación
de fondos destinados a la repatriación de españoles carentes de
trabajo en los Estados Unidos (1932-1933), realizada bajo las presidencias de
Manuel Erreguerena y Juan Aguirrezabal. Con la Junta Española de Covadonga
se trabajó para conseguir fondos a beneficio del Sanatorio Español.
Con el Casino Español se promovió el concierto extraordinario
del guitarrista español Andrés Segovia y sus fondos se destinaron
a beneficio de los mexicanos repatriados en abril de 1933; o con la Agrupación
Aragonesa, con quien el Centro Vasco colocó la primera piedra del monumento
en memoria del ilustre doctor vasco Santiago Ramón y Cajal, y que se
erigió en el Sanatorio Español.
Dentro de la ayuda destinada al propio País Vasco destaca la colecta
de fondos que realizó la directiva del Centro Vasco y que fueron destinados
a ayudar a los damnificados por las inundaciones que ocurrieron en Guipúzcoa
y particularmente en Rentería en julio de 1931.
Este ambiente de beneficencia desarrollado por el Centro Vasco, necesario por
la crisis mundial parecía el prolegómeno al papel que le tocaría
desempeñar por los acontecimientos que se desenvolverían a finales
de la década.
De entre los vascos exitosos del México de los años treinta,
conscientes de la necesidad de realizar una labor social, destaca Martín
Urrutia Ezcurra, quien donó el capital necesario para construir en el
Sanatorio Español el Pabellón de Jubilados. Motivo por el cual
la directiva del Centro Vasco, acudió a la Sociedad de Beneficencia Española
a una ceremonia en la que se descubrió una placa de mármol conmemorativa
el día de la inauguración.
En 1933 por iniciativa del presidente del Centro Vasco, Francisco Belausteguigoitia,
se acordó, el 15 de noviembre, la fundación de un ropero vasco,
sostenido por las damas del Centro Vasco, cuyo fin benéfico se destinó
a la ayuda de familias vascas necesitadas, haciéndose extensivos sus
fines caritativos a la sociedad en general.
Junto a este aspecto fundamental en la vida del Centro, no faltaron las fiestas
y banquetes que permitían además de promocionar las ayudas y recaudaciones
mencionadas anteriormente, dar sustento a la vida social de la comunidad vasca
en México. Manuel Erreguerena, presidente del Centro en el período
1931-1932 realizó un banquete extraordinario el día 3 de enero
de 1932, con un precio módico por cubierto, a fin de que concurrieran
a él, todos los elementos de la colonia vasca. Su objetivo: “estrechar
las relaciones entre los vascos y llevar al Centro por nuevos derroteros de
entusiasmo, atrayendo de preferencia al elemento joven de ambos sexos”.
La respuesta de la iniciativa de Erreguerena llegaría poco después
incorporándose a la vida del Centro un contingente de vascos continentales
franceses, a quienes se les ofrecería un homenaje por haber ingresado
en septiembre de ese año.
Tivieron asi lugar, comidas, banquetes y fiestas con diferentes fines: desde
el simple agradecimiento como el anterior, el realizado para las señoras
y señoritas que cooperaron con la Junta de Festejos, las de anfitriones
como la comida celebrada en noviembre de 1932 en que se recibió a la
Comisión Naval Española, que visitó el país.
La sombra constante de ausencia de fondos llevó en 1932 a Demetrio Oar,
Marcos Ortiz y Tomás Echeverría, encargados de organizar el baile
de carnaval, a resolver los problemas de falta de presupuesto y a costear las
fiestas de su propio bolsillo. El siguiente año ya no se celebraría
el Carnaval, sustituyéndose por una reunión de carácter
familiar y asistiendo varios de los socios del Centro Vasco al Carnaval que
organizó el Orfeó Catalá.
En 1932, el Centro Vasco vivió la conmemoración de sus bodas
de plata que se celebrarían el domingo 19 de junio. La comisión
elegida compuesta por Juan Aguirrezabal, Manuel Erreguerena, Daniel Domínguez
Vidaurreta, Teodoro Elcoro, Marcos Ortiz, Pedro Zavala y Tomás Arana,
acordó organizar un banquete familiar al que se invitaría a todos
los vascos, ocupando el lugar de honor los fundadores que aún viviesen,
y los señores embajadores de España y Francia así como
el cónsul general de España. Para tal conmemoración se
buscó inclusive la presencia de Martín Urrutia Ezcurra, quien
residía en España.
En 1934, además de la fiesta en honor a las madres, se organizó
un festival para beneficiar a los “txistularis” y se propuso a la
Junta de Festejos del Centro la organización de una romería, que
se celebrase bien en la Cervecería Modelo o en los Jardines de la Tabacalera
Mexicana. En agosto de ese año se celebró un festival en el Fontón
México, a raíz del cual surgió un enfrentamiento entre
el secretario del Centro Vasco y el profesor de “espatadantza” Jacinto
Suárez .
El Carnaval de 1935, parece que buscó resarcirse de no haber efectuado
baile el año anterior y superar al realizado por el Orfeó Catalá.
Se programó para el sábado 2 de marzo y se acordó invitar
personalmente a los señores embajadores de Francia y España así
como a los cónsules de ambos países. La recepción de los
diplomáticos quedó a cargo de los señores: Manuel de Mendizabal,
Juan de Amestoy, Ángel de Egaña, Julián de Acasuso y Esteban
de Jáuregui. Hubo comisión de recepción compuesta por Esteban
Laresgoiti, Manuel Mendizabal, Eugenio Cilveti, José Luis Aldasoro, Faustino
Morales, José Monasterio y Luis de Goyarzu. El presupuesto de la fiesta
incluía 250 pesos que se destinarían para un adorno cubista que
se puso en el salón. Lo gastado implicó una merma de 645 pesos
y 34 centavos, quedando en las cajas un total de 11,941 pesos en efectivo.
A finales de 1934, esta aparente vida festiva, del Centro Vasco que recogen
las actas, estaba a punto de explotar. El Centro Vasco se vio afectado por la
efervescencia política que la Segunda República había marcado
a España, concretamente por la posibilidad de que las cuatro provincias
(Vizcaya, Guipúzcoa, Alava y Navarra) se rigieran por un Estatuto Vasco-Navarro
y la consiguiente difusión del ideario nacionalista de Sabino Arana.
Una problemática de fondo que había ya vertido largos ríos
de tinta desde principios del siglo XX.
Un alto porcentaje de los socios navarros del Centro Vasco contrarios al nacionalismo
dictado desde la Península y que veían su inmediata repercusión
en México, encontró el momento propicio para iniciar la escisión.
Acababan de pasar las elecciones que habían colocado con 80 votos a
favor en la presidencia del Centro a Manuel Mendizabal; unas elecciones en las
que se había sentado como precedente una carta dirigida a varios socios
recordándoles que por su “carácter” dentro de los
les estaba prohibida su presencia en la Asamblea en la que se definirían
las elecciones. Un asunto legal que molestó sobremanera a muchos asociados
por lo cual se inició un pleito que buscó asimismo la irregularidad
legal del Centro Vasco. Una mañana Pedro Zabala, Enrique Arámburu
y Julián Sainz (en representación de un numeroso grupo de simpatizantes
de la candidatura opuesta que había sido derrotada) propusieron al nuevo
presidente alterar la planilla electa incluyendo en ella los nombres de tres
candidatos derrotados, para que, a juicio de los representantes del grupo oposicionista,
la nueva junta combinada aunáse las voluntades dispersas y descontentas,
después del resultado de las elecciones últimas.
La propuesta vino acompañada de una severa amenaza: si no se accedía
a su pintoresca proposición, denunciarían a la autoridad competente,
Secretaría o Departamento de Economía Nacional, el funcionamiento
ilegal del Centro Vasco como Sociedad Corporativa, cuyos estatutos no habían
sido aprobados por el Departamento de Economía como disponía la
Ley de Cooperativas. El tesorero Alberto de Alzuyeta, en previsión de
que el grupo oposicionista cumpliera su amenaza, presentó un trabajo
en el cual se notaban las irregularidades que los estatutos de la Sociedad contenían,
en contraposición a lo que Ley de Cooperativas entonces vigente ordenaba,
recomendando a la Junta le prestase inmediata solución.
La oposición se declaró en abierta rebeldía y por escrito
manifestaron no reconocer más autoridad que al administrador del Centro,
motivo por el cual la Junta consideró el acto como desacato y ofensa
y por tanto estar comprendida en las sanciones que establecía el artículo
XII del reglamento. Por ello acordó iniciar contra los “rebeldes”
los trámites a que se refiere el art. XIII, citándoseles por la
vía telegráfica para que hiciesen los descargos que creyeran convenientes.
Enrique Aramburu manifestó que el motivo de desconocer la autoridad
de la Junta Directiva, obedecía a que en la convocatoria para la Asamblea
General Ordinaria celebrada el 23 de septiembre, no se habían cumplido
los requisitos que exigía la cláusula 14 de la Escritura Social,
por lo que estimaba ilegal la elección. Julián Sáinz alegó
la falta de respeto que constituyó la lectura en euskera del informe
presentado por el secretario lo que consideró como una provocación
para aquellos que sin ser vascos ni descendientes, concurrían al Centro,
facultados por el art. 36. Sáinz además reclamaba el hecho de
haber sido expulsado del salón por el presidente de la Mesa Directiva.
Arámburu y Sainz propusieron como fórmula conciliadora la constitución
de un “Comité de Vigilancia” formado por ocho miembros distribuidos
por mitad entre los dos grupos actualmente en desacuerdo. La Mesa Directiva
dejó en suspenso la expulsión de los socios en trámite,
más todo indica que no llegó a crearse ningún comité
de vigilancia y Aramburu y Sáinz continuaron con la demanda ante el Juzgado
Segundo de lo Civil. Paralelamente varios socios se dieron de baja de forma
masiva entre ellos miembros destacados de la colectividad como Martín
Oyamburu, Ángel Urraza, Jaime Arechederra y Gerardo Ansoleaga. El presidente
Mendizabal tuvo que acudir a juicio.
Varios socios no vascos escribieron molestos al presidente por la actitud que
tomaba el Centro, no participando en las fiestas de Covadonga, así como
no asistiendo al velatorio de los restos del cónsul general de España
en la República Mexicana, señor Villas Villarreal. En su carta
manifestaban que el Centro Vasco de México había pasado de ser
un centro social y recreativo a un centro político, donde su mira principal,
apoyada por un reducido número de socios de última hora, era ofender
a España. Los ánimos estaban ya caldeados por ambas partes, y
se acusaba a Jaime Arechederra de haber sido sorprendido en flagrantes promesas
hechas al cónsul de España, de españolizar al Centro Vasco,
eliminando a los ciudadanos de la República francesa del Centro. Incluso
la portada del número extraordinario de Argia, fue objeto de controversia.
Una comisión especial entrevistó a varios de los socios que se
habían dado de baja, los cuales prometieron regresar si (para evitar
una exención fuerte en el seno de la Sociedad) la actual Junta Directiva
presentaba en pleno la renuncia de todos sus miembros y se convocaba a una Asamblea
General Extraordinaria, con el objeto de decidir si se les ratificaba, o si
se debía proceder al nombramiento de una nueva directiva bajo una planilla
que incluyese los nombres de algunos elementos representativos del grupo oposicionista.
En el transcurso del pleito el grupo rebelde fue engrosando filas y había
conseguido el respaldo de 130 socios, que amparándose en la situación
irregular del Centro Vasco ante la Ley General de Sociedades Cooperativas pedían
una reorganización profunda de la institución ya que el funcionamiento
de la Sociedad no satisfacía los intereses generales.
La directiva contestó con una rotunda negativa comunicándoles
además que no habían sido admitidas las renuncias o bajas como
socios del Centro a varios de ellos como Gonzalo Goyeneche, Miguel de Echenique,
Justo Mugueta y José Irilarren.
De septiembre de 1934 a febrero de 1935 duró el pleito, emitiéndose
numerosos comunicados y alegatos. Por el folleto “La querella de los vascos
en México” conocemos gran parte de esta literatura entre los 130
socios disidentes y la directiva del Centro, y en ella un gran cúmulo
de acusaciones y diferencias de criterio de una ideología “vasco-española”.
En enero de 1935 los disidentes buscaron un espacio para fundar el Círculo
Vasco Español. Las gestiones fueron realizadas por Miguel Iroz con Salvador
Arenas, dueño de la fábrica La Aurora, quien alquiló a
la nueva sociedad el edificio de su propiedad sito en la calle 16 de septiembre
51. El día 29 de ese mes tuvo lugar la asamblea constitutiva, formándose
la primera mesa directiva, la cual quedó integrada de la siguiente manera:
presidente Gabriel Arrechea, protesorero: Florencio Aritzia, prosecretario José
Ataún, vocales: Serafín Domínguez de Vidaurreta, Bernardo
Espinal, Gregorio Irurita, Julio Izu, Babil Pascual, Manuel Erreguerena, José
Goyeneche, Juan Aguirrezabal y Martín Oyamburu.
Ante el auge que el Circulo Vasco Español adquiría, el Centro
Vasco nombró una comisión formada por varios asociados (Manuel
Mendizabal, Domingo Muguruza, Cosme Obieta y Ángel de Egaña, seleccionados
entre los de mayor antigüedad), para que desarrollasen una labor que contrarrestará
la campaña que el grupo disidente estaba llevando a cabo, desde la nueva
sociedad. Chismes y artimañas llenaron inclusive la prensa del momento,
tanto así que llegó a correr la versión de que el Centro
Vasco había desaparecido creándose un Centro Vasco Español,
motivo por el cual la Junta Directiva acordó escribir a los periódicos
La Voz de Navarra, El Día y Euskadi y desmentir la noticia, indicando
dos puntos: uno que además de existir desde 1907, continuaba teniendo
vida propia y quinientos y pico asociados y segundo que el nuevo Centro a que
se referían se denominaba Círculo Vasco Español.
El 9 de mayo de 1935, el Centro Vasco, atendiendo la propuesta del socio Ignacio
Goyarzu, en una medida contraria al espíritu fundacional y como respuesta
al momento de crisis, decidió no permitir la entrada al Centro a todo
aquel que se dio de baja a raíz de las diferencias surgidas en la elección
de la Junta Directiva y asimismo no permitir la entrada a aquellos vascos residentes
en la capital que no eran socios pero habían hecho labor a favor del
Círculo Vasco Español. Medidas precipitadas dentro del coraje
que si hubiese habido algo más de inteligencia en la Junta Directiva
habrían permitido un mejor desarrollo de los acontecimientos que marcarían
la parte triste de la vida del Centro Vasco en lo que le restaría del
siglo XX.
2.5 El Centro Vasco, Asociación Civil
En julio de 1935, el Centro Vasco, transformó, por un lado, la base
jurídica de la sociedad que pasó de cooperativa a asociación
civil, y por otro, reformó algunos artículos del Estatuto . En
base a esto, la nueva junta directiva quedó conformada por Manuel de
Mendizabal (presidente), Alfredo Alzuyeta (tesorero), Florentino Laresgoiti
(protesorero), Domingo de Muguruza (secretario); vocales propietarios: Benito
Etchegaray, Juan Amestoy, Francisco Belausteguigoitia e Hilario Garay.
La baja de socios del Centro Vasco parece haber sido un problema acuciante
en la década de los años 30 muchas de ellas quizá por motivos
políticos que no permiten ver las actas del propio Centro, sin embargo
de 1932 a 1935 las diferentes Juntas Directivas hicieron esfuerzos por que volviesen
a la Sociedad elementos tan notorios como Juan Enrique Zavala, Miguel Robina,
Eduardo Angoitia, a quienes se decidió no dar de baja a pesar de haberlo
solicitado (1932), Ignacio Goyarzu, quien lo hizo de forma irrevocable (1932)
y se le insistió en 1933, Juan Benito, Vicente Etchegaray, Mauricio Urruchua
(quienes tras entrevista regresaron en 1933).
2.6 El Centro Vasco y la Guerra Civil Española
La Segunda República Española había puesto de manifiesto
que España requería de nuevas reformas a muy amplio nivel: constitucional,
judicial, religioso, agrario, militar, autonómico, etcétera. Reformas
y cambios que provocaron una crisis generalizada y una lucha tanto política
como económica que deparó en una Guerra Civil. Una tragedia para
España y también una tragedia para la paz internacional.
Entre 1936 y 1939, la guerra civil se trasladó a la comunidad vasca de
México. Mientras que el Centro se movilizó a favor de los leales,
los del Círculo (con mayor número de alaveses y navarros) no ocultaron
sus simpatías por los sublevados. Pero, al mismo tiempo, mientras que
el primero se convertía en sede de los exiliados, el segundo era el lugar
de reunión de familias, algunas de las cuales remontaban sus orígenes
a los tiempos de la colonia.
Lázaro Cárdenas, entonces presidente de México, era una
de las pocas excepciones internacionales que abría las puertas a aquellos
que habían resultado derrotados en la contienda que entre la democracia
y el autoritarismo se había escenificado en “la madre patria”.
La solidaridad del México cardenista con la República Española,
había dado lugar a que desde junio de 1937 llegaran oficialmente a nuestro
país a bordo del vapor Mexique, los primeros refugiados españoles.
Se trataba de una expedición integrada por 163 niñas y 291 niños.
Meses después, este grupo sería conocido como “Los Niños
de Morelia”. Entre ellos, había niños vascos procedentes
de la evacuación de Guipúzcoa, según la profesora Dorothy
Legarreta-Marcaida, la mayoría eran hijos de militantes del PSOE, PCE
o CNT, y las familias vascas ahí contempladas pertenecían a la
clase media .
También en 1937 llegó a México un grupo integrado por
19 elementos vascos. Era el equipo de futbol Euskadi, denominado oficialmente
Selección Nacional Vasca. La repercusión que su presencia en México
tuvo para la vida de la comunidad vasca y nacional, aunado al hecho de que varios
de sus miembros se vinculasen al Centro Vasco, nos permiten dedicarles un capítulo
especial.
El mayor grupo de refugiados llegaría el 13 de junio de 1939 a bordo
del “Sinaia”. La historiografía ha tomado esta como la fecha
de inicio del movimiento migratorio republicano a México y la del 17
de octubre de 1942 con el arribo del “Niassa”, como la de término,
sin embargo hemos constatado numerosos asentamientos, a veces masivos otros
individualizados que precedieron al Sinaia y rebasaron al Niassa y que pueden
alargarse hasta los años cincuenta. Un ejemplo de ello es la llegada
a finales de 1941 del Alsina, después de 10 meses de travesía
desde su salida de Marsella, tras haber avanzado las tropas alemanas hacia el
sur de Francia. En sus camarotes viajaron refugiados vascos y catalanes, así
como muchos judíos con destino a Cuba, México, Venezuela y Argentina.
De entre los vascos que se quedaron en México estaban: Telesforo Monzón
y familia, Justina Arizmendi e hijos, Lucio Arechavaleta y familia, Ángel
Anuzita y familia, Pedro Garate, Jesús Luisa Esnaola, Tere Madariaga
y familia, Luis Bilbao y familia, Nestor Basterrechea. El viaje fue realizado
en compañía de Juan Casanelles y Niceto Alcala Zamora .
No eran muchos, apenas 25,000 en un país que rondaba los veinte millones
de habitantes. Sin embargo en la medida que no se dispersaron por los Estados,
sino que se establecieron mayoritariamente en el centro histórico de
la Ciudad de México, se hicieron visibles. Amén de el hecho de
no usar ellos sombrero, ni ellas medias, el tono alto de la voz (mucho mayor
que el acostumbrado en México), la resonancia de ces y zetas, la jota
y la ese sumamente marcada, y esa costumbre por reunirse en lugares públicos
muy especialmente en los cafés —mismos que pusieron de moda—,
provocó que no pasasen desapercibidos.
Por testimonios de historias de vida sabemos que el Centro Vasco fue el trampolín
para una gran mayoría de vascos que llegaron sin aparentes relaciones
o referencias personales, hasta en tanto solucionaban su situación laboral,
algo que no tardaba en ocurrir. El taller del señor Francisco Belausteguigoitia,
“Vidrios Larresgoiti”; el “Hotel Majestic”; “La
Vaskonia”; La Fábrica de Hilados y Tejidos; la “Cía.
de Arte Lírico Español”; las Pesquerías “Iru-chulo”,
“La Puerta del Sol”, la Fábrica de Juguetes “Nor”,
la “Casa Elanzagori”, el “Restaurante Asturias”, los
“Laboratorios España” y la administración del “Panteón
Español”, son sólo unos ejemplos de espacios socio-laborales
que se nutrieron de los vascos refugiados en México.
Algunos otros formaron sus propias compañías e integraron rápidamente
a un buen número de compañeros, como el caso del grupo encabezado
por Martín Garcia Urtiaga en la Compañía Mexicana de Comercio
Exterior, que dio acogida, entre otros a: Jesús Uribe, Ángel Anuzita,
Ángel Mikelajauregi, Jesús Luisa Esnaola, José Arondo,
Mario Bustos (padre e hijo), Ángel Landa, German Blix, Miguel José
Garmendia, y Leonardo Mendíbil.
En noviembre de 1941 y ante la próxima llegada de nuevos refugiados
en el barco “Guauza”, el Centro Vasco nombró a Ángel
Amuchástegui, Longa y Suárez para tener listas las habitaciones
del Centro Vasco y ponerlas a disposición de los vascos que las necesitasen
. Seis meses después (mayo de 1942), la constante llegada de emigrantes
había saturado el mercado laboral de muchas de las compañías
dirigidas por vascos en México, muchos de los recién llegados
habían optado por México en vista de los testimonios de aquellos
que por carta o a través de terceros habían exteriorizado la rápida
colocación e inserción en el país. El Gobierno de Euskadi
debía ser consciente de la “deficiente calidad de vida” que
esperaba a los nuevos refugiados de 1942, pues una carta del consejero del Gobierno
don Telésforo Monzón daba cuenta al Centro de la incipiente llegada
de un grupo de refugiados vascos más, suplicando que se les atendiera
“de primer momento” para hacer más llevadera su aflictiva
situación. La directiva del Centro Vasco acordó unánimemente
nombrar dos comisiones, una “presidencial” cuyo objeto fuese recabar
fondos para este fin y otra “ejecutiva” encargada de toda la labor
del recibimiento y de llevar a termino cuantas iniciativas fueren precisas en
favor de esta nueva expedición de refugiados. Para la primera comisión
bajo la presidencia de Manuel Mendizábal, se acordó invitar a
ser miembros a Aranzabal, Acasuso, Etchegaray, Toribio Laresgoiti, Oteiza, Rementería
y Larrañaga, que conocían bien el panorama social y laboral de
la comunidad vasca en México y para la segunda comisión bajo la
presidencia del directivo señor Tremoya, se convocó a los señores
Laucirica, Suárez, Laburu, Goyarzu, Ulacia, Arizaga y Solozábal
y como representantes en Veracruz a los señores Larrañaga y Rementería
.
2.7 La posguerra en México
La llegada de los exiliados supuso el mayor aliciente de toda la historia del
Centro Vasco en México. Como resultado de ella hubo también una
creciente sensibilización del papel que había tenido la comunidad
de los vascos en el transcurso histórico del País.
Conscientes de mantener unida a la comunidad vasca, surgió en 1943 Eusko
Deya “La Voz de los Vascos en México”, por iniciativa de
Antonio Ruiz de Azua “Ogoñope” y Jesús de Garritz.
Una publicación que si bien tenía un trasfondo político,
—no en vano fue editada por miembros activos de la Delegación del
Gobierno Vasco en México— poco a poco sirvió para mantener
informados a los vascos no sólo de la “calamitosa situación
que vivía España”, o de las noticias locales de Euskadi,
sino también sobre el discurrir de las vidas de los vascos en México.
Eusko Deya a través de sus páginas permitió mantener presentes
la historia de las tradiciones vascas y algo de gran importancia en nuestro
estudio: dar cuenta de las actividades desarrolladas en el Centro Vasco, pues
no se nos olvide ese gran problema subyacente en esta investigación:
la ausencia de una historia realizada desde el Centro por parte de los asociados.
Una afirmación de la que ya en 1951, era consciente Martín García
Urtiaga, presidente del Centro Vasco, quien al pronunciar unas palabras con
motivo de la festividad de San Ignacio, asentó: “También
nosotros hemos seguido la tradición vasca de no conservar un archivo,
ni datos escritos; porque, a pesar de nuestros esfuerzos, no hemos logrado saber
cuál fue la fecha exacta de la fundación del Centro Vasco en México.
De las investigaciones que hemos hecho se desprende, sin embargo que esta Sociedad
se fundó en 1903 [¡]; es decir, que en el ejercicio siguiente al
próximo, van a tener lugar las bodas de oro del Centro”.
2.8 La historia de la historia. Eusko Deya. La voz de los Vascos en México
El primero de marzo de 1943 (y por tanto a los cuarenta años de fundado
el Centro Vasco, según creía García Urtiaga) salió
a la luz el primer número de esta publicación que mantendría
su carácter periódico (preferentemente mensual) hasta 1970, más
de un cuarto de siglo. Registrada como “artículo de segunda clase
en la Administración de Correos con fecha 18 de marzo de 1943”
tendría cuatro directores a lo largo de su vida: el primero de ellos
Francisco Turrillas Bordegaray quien en junio de 1945 pasó la estafeta
a Julio de Jáuregui que la mantendría solamente año y medio.
El tercero de los directores fue Jesús de Garritz y Martínez de
Ainzoain (quien por entonces desarrollaba una gran actividad política
y social en pro de los vascos en México) y de forma conjunta con Antonio
Ruiz de Azua Zabalbeaskoa —entonces jefe de redacción—, tomaron
las riendas de la revista desde el número 79, saliendo a la luz con esta
nueva “mancuerna” en diciembre de 1946. Diez años después
severas diferencias surgidas en el seno de la Delegación del Partido
Nacionalista Vasco en México, ocasionaron que Jesús de Garritz
abandonara en agosto de 1957 toda actividad y Antonio Ruiz de Azua continuase
como editor de la misma, desde la calle de Independencia 40. Ruiz de Azua trabajó
solo y consiguió heroicamente que la publicación no feneciese
hasta marzo de 1973, poco antes de su muerte.
Trescientos noventa y tres números, convirtieron a Eusko Deya en el
periódico más importante editado por la comunidad vasco-mexicana.
A lo largo de sus páginas desfilaron numerosas personalidades del exilio
republicano y una cantidad considerable de mexicanos.
Los años de 1958-1961 incluyeron una “lista negra” de los
socios que se habían dado de baja, y desde 1960 fue costumbre dividir
los socios activos en hombres y “socias damas”, separación
sexista que no se hizo dentro del rubro de los juveniles.
El desbarajuste generalizado que años después ocasionó
el cambio de sede repercutió en la administración del Centro Vasco.
Y decimos desbarajuste por que la salida de Madero todavía es recordada
por quienes la vivieron como una película de “misterio, acción,
precipitación y nocturnidad”. Las Memorias perdieron (por una vez)
su carácter de anualidad (presentándose dos ejercicios en un mismo
número) y a partir de entonces se aglutinaron las anteriores clasificaciones
de socios en una relación única, especificando solo los de nuevo
ingreso. Sin embargo tras haberse analizado el material, podemos concluir que
las listas de socios son meramente indicativas, pues cruzando información,
no fueron recogidos todos los asociados. Otra realidad impide ponderar adecuadamente
la asistencia de público al Centro a partir de las listas de socios;
pues por ejemplo en el caso de las mujeres sólo aparecen aquellas que
pagan cuota individual y muchas de las esposas de los asociados acuden con frecuencia
a Euskal Etxea, aun cuando no paguen.
Además de anuarios, álbumes, memorias y otras publicaciones,
el Centro Vasco editó las revistas Cultura Vasca (1929), Argia (1933-1935),
y varios Boletínes, unos con carácter mensual, y otros con periodicidad
más constante como Gaurko-Garai Berri y Gaurko. Cultura Vasca fue editada,
según Ángel Martínez Salazar y Koldo San Sebastián,
en 1929 .
Argia se editó de 1933 a 1935. El Libro de Actas del Centro da cuenta
de haber salido el primer número “con favorable acogida por parte
de la mayoría de los socios del Centro”. Para su publicación
se había inclusive creado una comisión , y estuvo dirigida por
el escritor y poeta Luciano Guezala Gochi. Se conserva en la Biblioteca del
Centro Vasco exclusivamente un número extraordinario correspondiente
al mes de diciembre de 1934 (Año I, número 7), en el que se recogía
de forma abrumadora los pleitos suscitados en Euskal Etxea, acerca de los Estatutos
y la designación de la nueva Junta Directiva. El carácter extraordinario
del número y su contenido específico, impiden tener una valoración
de dicha publicación. Según Ángel Martínez Salazar
y Koldo San Sebastián, fue reeditada en 1944 por la Comisión de
Cultura del Centro. El nombre deriva de otra publicación periódica
Zeruko Argia, surgida en 1919 y que trató de estar en el centro de la
actualidad y la información en euskera. A diferencia de la publicación
mexicana, en Euskal Herria, Argia fue el semanario referencial de la década
de los 60, periodo de pleno renacimiento de la cultura vasca, en 1976 se transformó
en una revista tipo “magazine” tan en boga en Europa por aquellos
años.
Con respecto al Boletín mensual del Centro Vasco, Koldo San Sebastián
informa que desde 1943, apareció un Boletín mensual, que desgraciadamente
no se conserva en el archivo del Centro. Sólo lo conocemos a partir del
número 6 y hasta el 11 gracias a que fueron publicados por Eusko Deya
y corresponden a las fechas del 1 de junio al 1 de septiembre de 1944. Intuimos
que comenzó a publicarse en 1943, pero desconocemos su duración
que puede haber correspondido a iniciativas de la Junta Directiva de ese año
encabezada por Victoriano Aranzabal. A pesar de la noticia de Koldo, y lo que
podría implicar de continuidad, nuestras pesquisas sólo permitieron
localizar 27 números de Boletines, correspondientes a los años
de 1944, 1949, 1950 y 1951 en edición facsimilar, dentro de la Revista
Eusko Deya. Estos últimos (1949-51) corresponden a la presidencia del
Centro de Martín García Urtiaga y fueron publicados desde el número
124, correspondiente al mes de septiembre de 1950, en que apareció el
número 1 del Boletín Mensual, hasta el número 136, en el
que apareció el número 12, el 25 de septiembre de 1951 .
De septiembre de 1959 hasta noviembre de 1989 la ausencia de Boletines, son
sintomáticos de una época caracterizada por la falta de innovaciones
en muchos aspectos, y en la que se mantuvo la vida y actividades cotidianas.
Téngase presente que la segunda mitad de dicho periodo, implicó
asimismo el cambio de sede y la rehubicación implicó modificar
y cambiar algunos aspectos poco operativos.
En referencia a Gaurko-Garai Berri. Boletín mensual del Centro Vasco
de México, A. C., tras 30 años de ausencia reapareció el
Boletín; su primer número vio la luz en noviembre de 1989 bajo
la presidencia de Gartzen Iñarritu, la dirección de Josu Landa
y la colaboración de Julen Garritz Alcalá, con el objetivo de
continuar aquella tradición de sacar publicaciones que consolidaran a
una comunidad vasca unida por fuertes lazos internos y se mantuvo bajo las directivas
de Josu de Garritz y el principio de gestión de Juan José Arrieta
Larregui hasta 1994, siendo el número 21 el último que apareció.
El Boletín fue distribuido en forma de fotocopias entre la comunidad,
y si bien formalmente presentaban un “aspecto casero”, su contenido
vino a llenar en parte el vacío que había ocasionado la desaparición
de publicaciones como Eusko Deya. Poco a poco fue incorporando nuevas secciones
así como la utilización de la computadora para su diseño.
Mantuvo la “Presentación” en euskera y castellano, si bien
el resto del texto fue exclusivamente castellano, por ser el mayoritario de
la comunidad vasca en México.
Gaurko Boletín Informativo del Centro Vasco A. C.: Tras casi dos años
de inactividad en labores de la difusión editorial interna de Euskal
Etxea, bajo las direcciones de Juan José Arrieta Larregui y Agustín
Palacios Barinagarrementería, la llegada a la dirección de Modesto
Lasa Sarasola, impulsó la reactivación del Boletín Informativo
del Centro, manteniendo el nombre de Gaurko, pero dotándolo de un nuevo
formato editorial a nivel más profesional que el de la edición
anterior y en el que se incluían algunas fotografías representativas
de los actos relatados. El primero de los números se publicó en
enero-febrero de 1996 y se mantuvo hasta mayo-junio de 1997.
Al cuestionar a Modesto Lasa sobre el material de Gaurko nos respondió
que había tenido la precaución de conservar la información
en disquete, no así las fotografías por el espacio que ocupaban
y que “todo este trabajo fue de Mertxe Olalde (su esposa), yo le pasaba
los textos y ella en la computadora los transcribía, después juntos
los formateábamos, pon una raya por aquí...un dibujo por allá.
Más de una vez nos dieron las tantas de la noche, pero que días
más ilusionantes”. Un esfuerzo que no fue secundado por la nueva
junta directiva tras la renuncia al cargo que hiciese Modesto Lasa.
Sigue la crónica de la historia
Victoriano de Aranzabal Laspiur, guipuzcoano, de Vergara, presidió el
Centro Vasco durante 1943-1945, era uno de esos “antiguos residentes”
que llevaba largos años como emigrante en México pues había
llegado al país en 1898 con apenas 19 años. Se dedicó al
comercio de metales y herramientas y su soltería le permitió dedicarse
de lleno a las actividades del Centro Vasco, donde ya en 1913 había tenido
una participación destacada. Su personalidad afable y conciliadora fue
decisiva para el período de posguerra en el Centro. En noviembre de 1946
como muestra de agradecimiento el Centro Vasco le rindió un emotivo homenaje
que coincidió con la exposición de trabajos del estudio fotográfico
de “Cruchaga” celebrada en el “hall” del Centro .
Martín García Urtiaga, ya por entonces se había hecho
presente en la vida del Centro Vasco, su personalidad y su entrega a la comunidad
vasca en México y al Centro Vasco, ameritan una breve semblanza biográfica
en estas notas.
Don Martín, había nacido en Las Arenas-Guecho el 6 de enero de
1905. Hasta la guerra civil fue jefe de las Instalaciones de Campsa en Santurce,
en Vizcaya y en diciembre de 1936 fue comisionado por el Gobierno Vasco a Francia
e Inglaterra para una misión relacionada con transportes de petróleo
a Bilbao. Tras la caída de la capital vizcaina, el Gobierno de la República
le encargó la organización de los transportes petroleros a la
zona leal.
El 17 de septiembre de 1939, llegó exiliado a México, junto a
su familia, ingresando al país por Nuevo Laredo. Aquí, un grupo
hispano francés le encargó organizar el suministro de petróleo
mexicano a Europa, proyecto que no pudo llevarse a cabo al iniciar la II Guerra
Mundial. Su aptitud comercial y su habilidad en los negocios lo llevaron a fundar
la Compañía Mexicana de Comercio Exterior, la cual fue promotora
de varias empresas comerciales, industriales y marítimas que operaron
con éxito en el mercado internacional y mexicano .
García Urtiaga fue uno de los más activos elementos de la comunidad
vasco-mexicana, y uno de los mejores colaboradores del Gobierno Vasco en el
exilio. Su arrolladora personalidad, y su ascendencia y posición social
y económica le permitieron ser el motor de un sinfín de actividades
culturales vascas en los momentos más difíciles.
Al poco de haber llegado al país, concretamente el 14 de febrero de
1941, ingresó como socio del Centro Vasco y para el período 1943-1944,
había ya accedido a formar parte de la Junta Directiva como vocal propietario.
En febrero de 1949 al conformarse la Sociedad Internacional de Estudios Vascos,
García Urtiaga fue designado tesorero de la Junta de Cultura Vasca de
México , y en la Asamblea Ordinaria del Centro Vasco de septiembre de
1949, fue escogido para presidir el Centro.
Consciente de la responsabilidad contraída y con los anteriores antecedentes
García Urtiaga asumió la presidencia del Centro Vasco y en diciembre
de 1949 al poco de iniciar labores se celebró por primera ocasión
en México el día del Euskera. García Urtiaga, fomentó
asimismo los homenajes a los trabajadores del Centro Vasco, como el realizado
en noviembre de ese año a Eusebio Artaloitia quien por más de
25 años regentó la cantina del Centro. Eusebio había llegado
a México en 1922, donde su hermano Juan llevaba 8 años trabajando
en el Centro Vasco. Los Artaloitia fueron piezas fundamentales en la vida del
Centro en aquellos años: Juan llegó a administrar el Centro hasta
1937 y colaboró en el mismo hasta 1942 y alrededor de Eusebio se congregó
una importante camarilla que daba vida diariamente al centro.
La vinculación de don Martín con el Gobierno Vasco, permitió
que el entonces Lehendakari José Antonio Aguirre Lekube, visitase México
en marzo de 1950. Una visita relámpago del viernes 17 al martes 21 con
una agenda repleta de entrevistas y conferencias de prensa y de convivencia
con los miembros de la colonia vasca de México .
Si bien las fiestas de Santa Águeda celebradas en 1949, había
contado con algunos componentes musicales, faltaba dar cuerpo a un auténtico
Coro. Se potenciaron otras actividades culturales como las conferencias, invitando
a Tomás Bilbao y a Ricardo de Irezabal .
2.9 La década dorada. Los 50
La presidencia de García Urtiaga al iniciar la década de los
50, fue como un augurio del resurgir del Centro Vasco en esta historia repleta
de altibajos.
Los servicios del Centro Vasco cada vez fueron cobrando mayor personalidad
a través de sus encargados: Eusebio en el bar, Miguel en la peluquería,
Bartolo en el restaurant, convirtiéndose en actores principales de la
vida cotidiana. Para mediados de 1950, la cocina del Centro Vasco contó,
junto a Bartolo, con otro cocinero importante: Teodoro de Alluntis Asla.
Los cuartos (aquellos que habían albergado a tanto refugiado) seguían
en funcionamiento, ahora principalmente ocupados por aquellos vascos que residiendo
en los diferentes estados llegaban a la ciudad de México a pasar unos
días de asueto o a realizar negocios.
Las preocupaciones culturales de García Urtiaga pronto encontraron respuesta
y las festividades de 1950 (San Juan y San Ignacio) contaron de nuevo con bailables,
a cargo de Jesús Luisa Esnaola y de los ikasles Julián Zugazagoitia,
Imanol Ordorika, Bilbao, Somonte y Chaos quienes ejecutaron una Mascarada Sulentina
inolvidable en el Club France . Para San Ignacio, se organizó incluso
un pascalle desde la Iglesia de San Francisco hasta los comedores del Centro,
donde se sirvió el banquete .
Siendo presidente del Centro Ramón Egaña, se celebró en
1953 una “kermesse” en el Colegio de las Vizcaínas en la
que participó de forma importante el Centro Vasco. En ella el Comité
de Damas y señoras de Euskal Etxea colaboraron con la organización
de varios puestos de comida y de juegos varios. Por espacio de dos meses, y
de forma previa al festival, Jesús Luisa Esnaola, estuvo ensayando a
dos grupos de chicas en el Colegio Vizcaínas, a fin de que interpretaran
bailes vascos el día de la fiesta. Con el acontecimiento se reforzaron
las relaciones del Centro Vasco y el Colegio de San Ignacio de Loyola. Ese día
(el 26 de julio) debutó asimismo Yon de Luisa como txistulari en público.
Tras la presidencia de Egaña los siguientes períodos se caracterizaron
por una continuidad en la dirección: Nivardo Donnay Martínez-Alegría
(1953-1954) repetiría el periodo siguiente (1954-1955), Esteban de Jáuregui
Echenagusia, presidente en 1955-1956 repitió también en 1956-1957
y Félix Miguelez Larzabal permanecería dos períodos 1957-1958
y 1958-1959.
Donnay, alavés exiliado tras la guerra, había sido secretario
del Centro Vasco en 1947-1948, y era uno de los más importantes industriales
del ramo del calzado. Esteban Jáuregui Echenagusia, guipuzcoano de Rentería,
había emigrado a México desde 1927 y asimismo contaba con experiencia
en la vida de Euskal Etxea, pues había ya sido tesorero del Centro en
1947-1948, Félix Miguelez Larzábal, era contador de profesión
y se encontraba en México desde 1941 como asilado político. Tal
parece que la alternancia “antiguo residente” - “refugiado”
en la presidencia del centro se volvió una tradición y se respetó
durante la década dorada.
Con la llegada de Esteban Jáuregui, las aguas parecen haber vuelto a
su cauce en el Centro, el cual contaba además con una economía
saneada conseguida por la administración de Jesús de Garritz.
A ello se sumó un notorio incremento de las actividades tanto festivas
como culturales, preparando al Centro Vasco y a la colectividad para celebrar
en 1957 el cincuentenario. Jáuregui consiguió incentivar a la
juventud para participar en la vida del Centro, con veladas literarias, musicales,
recitales poéticos, jiras campestres, conferencias, que complementaron
la vida festiva de todos los años. Entre las personalidades del mundo
cultural Jáuregui consiguió el concurso de: Pio Caro Baroja, María
Aristondo de Zugadi, Ignacio Arzate, Rosario Amantegui, Miguel Ángel
Sarralde, Manuel García Sesma, Miguel de Uranga, Antonio de Zugadi.
Por otra parte la “emigración” vasca más importante
que llegaba en aquellos tiempos eran los jugadores de cesta-punta que venían
a los frontones de México, Acapulco y Tijuana. Eran jóvenes, nacidos
en la posguerra o muy niños en tiempo de la guerra en Euskadi. Muchos
de ellos fuera de sus horas de trabajo y entrenamiento asistían al Centro
Vasco a jugar al mus, a ver a sus amigos, a buscar entretenimiento. Poco a poco
se integraron a los grupos y salían de cacería o de pesca, otros
a algunas fiestas ó de vacaciones a Acapulco y con el tiempo se fueron
forjando amistades. Algunos pelotaris se casaron aquí, otros se casaron
en Euskadi y trajeron a sus compañeras, y se empezaron a integrar en
la comunidad vasca-mexicana.
Por Yon de Luisa sabemos como algunos de ellos empezaron a comentar las cosas
que sucedían en Euskadi: las reuniones de jóvenes, los mendigoizales,
la colocación de ikurriñas (prohibidas en aquella época)
en montes y torres, y en especial todas las noticias de carácter político-folclórico
de las que no comentaban ni Eusko Deya ni Euskadi (el órgano oficial
del PNV).
Tanto autoridades del Centro Vasco como del PNV acordaron que asistieran los
grupos de baile de Euskal Etxea junto con otros grupos folclóricos españoles,
entre los jóvenes dantzaris, txistularis, amigos, etcétera, en
el mismo Veracruz se tomó la decisión de que ya no se actuaría
en adelante en esas condiciones. Ya los jóvenes no querían intervenir
en fiestas o eventos con españoles ni en actos oficiales con banderas
españolas, republicanas o francesas. A raíz de ello hubo un rompimiento
con Miguel José Garmendia, quien actuaba como txistulari, además
de ser miembro prominente del PNV y quedaron en que esa sería la última
ocasión en que se actuaría bajo presión y como grupo de
baile bajo su txistu. Hubo posteriormente un par de ocasiones que a petición
muy especial y después de muchas discusiones actuaron con españoles,
en un homenaje a Lázaro Cárdenas y otra en presencia del presidente
Adolfo López Mateos.
Asimismo, y con el fin de fortalecer la vida familiar, Unai de Luisa proyectó
películas los sábados en lo que se denominó “Sesiones
de Cinema Txiki”.
2.10 Integrantes del Centro Vasco en el Club France
José Antonio Aguirre, llegó a México el día 4 de
junio. Al “Aeropuerto Central Aéreo” (así se llamaba
entonces) acudieron todas las representaciones oficiales en el exilio. El grupo
de danzas del Centro Vasco, envió a sus dantzaris quienes bailaron ante
el presidente el “Saludo a la bandera” y al final, pasó por
el arco formado por el grupo de los espatadantzaris.
Esteban de Jáuregui, finalizaba con satisfacción su periodo,
en él dejaba además varias actividades como las clases de dibujo
que impartía Héctor Kutz, la gira al Popo Park, exhibiciones de
películas de romerías pasadas, un partido amistoso entre ex-jugadores
de la Selección Vasca y el “Club del Centro Vasco”, este
último a finales de 1956 había obtenido el título de Campeón
del torneo de la Liga Española.
Fue durante el segundo periodo de Jáuregui, cuando la unión del
Centro Vasco y Gaztelupe de México imprimió a la festividad de
San Sebastián la cena con caracter de tamborrada. Administrativamente
el Centro Vasco vivía momentos de incertidumbre por el vencimiento de
los contratos. La nueva Junta Directiva pronto comenzó a trabajar y ofrecer
resultados. El 1 de noviembre Félix Miguelez y Germán María
de Iñurrategui en calidad de presidente y secretario emitieron un boletín
informativo en el que anunciaba la designación desde el principio de
la gestión de la Comisión de Festejos y Deportes, “a fin
de evitar dificultades, bien por la premura de los nombramientos, bien por el
hecho tan frecuente de que al hacerse éstos sin la anuencia de los designados
no aceptaban los cargos y la Junta Directiva solía actuar en precarias
condiciones”.
La Comisión nombrada quedó conformada por Jesús Alejandre
(presidente), y como vocales: Yon de Luisa, Pedro Martínez de Corres,
Patirki Astigarraga, Iñaki Egaña, y las señoritas Laura
Galarraga, Itziar Plazas Belausteguigoitia y Maitena Jáuregui. Asimismo
el Boletín daba cuenta de la creación de una “Comisión
de Ornato” a la que se le había confiado el estudio de una serie
de mejoras necesarias para un mayor confort en el Centro Vasco. Se adquirió
nuevo mobiliario para el salón de señoras, se remozó la
sala de arte y la biblioteca y se dispuso la reparación de sillones y
butacas. La nueva comisión de ornato fue conformada por Félix
Miguelez, José Ramón Ballina, Eduardo Sotes, Pedro Aldaz y Pedro
Martínez de Corres.
Al finalizar 1958 el Centro contaba 320 socios activos y 67 juveniles, número
muy alejado de aquellas cifras de otros años. A ellos se sumaban 97 suscriptores
y 49 foráneos que poco frecuentaban las instalaciones. Para 1959 el número
apenas si se mantenía con 332 activos y 48 juveniles (92 suscriptores
y 42 foráneos).
Pocas actividades culturales quedan registradas de esta étapa, destacando
la actuación en septiembre de 1962 del grupo The Danzante. Un terrible
accidente ensombreció ese año a toda la comunidad pues tres de
las jóvenes promesas fallecieron al iniciar el año de 1963 en
la presa Endo de Tula, en el Estado de México: Javier Alexandre Zearsolo,
José Arturo Pérez y Rafael Caparroso.
Medidas ajenas al Centro Vasco y que implicaron uniformar los Centros Sociales
de toda la Ciudad de México trajeron esos años la aplicación
de nuevos horarios con lo que se vió afectada la vida social principalmente
de la cantina y el salón grande. La medida afectaba no sólo los
días hábiles sino también las fiestas. Con ello la necesidad
de un Club Deportivo, se hacía más acuciante por lo que la Junta
Directiva siguió trabajando y estudiando el caso, elaborándose
varios proyectos sobre los terrenos más adecuados, sin embargo, no cuajaron
en nada concreto.
Si atendemos a lo escrito en las Memorias del Centro, durante 1963-1964, nos
queda la impresión de una ausencia de actividades, pues ni siquiera se
recogió algún tipo de información. Jesús Alexandre,
volvió a repetir período (lo que de entrada implica una complacencia
por su anterior ejercicio) y los socios entrevistados recuerdan su gestión
como exitosa y el Centro Vasco lleno de vida. La fiesta de Aberri Eguna contó
con la asistencia de Alonso Eizaguirre, de Izquierda Republicana de Euskadi;
Víctor Salazar, del Partido Socialista; Jerónimo García,
de la Confederación Nacional de Trabajadores; Ángel Echaniz, de
Acción Vasca; y Basilio Aguirre, del Partido Nacionalista Vasco .
Las demás fiestas de rigor se llevaron a cabo con normalidad (fin de
año, Reyes, San Ignacio). Por primera ocasión encontramos referencia
a la celebración del día de Santa Águeda, sin que nos atrevamos
a afirmar fue instaurada en dicho período pues las lagunas de información
anteriores son notorias. Por las cuentas presentadas en la Memoria constatamos
seguía en estudio el proyecto del Club Deportivo Vasco. Al respecto del
punto anterior: Jesús Alejandre Guiard se dirigió a la comunidad
vasca a través del programa dominical de radio que emitía Eusko
Deya, el 14 de julio de 1965.
Tal es la inoperatividad del Centro a fines de 1966 que la Asamblea General
Ordinaria para escoger nueva Junta Directiva tuvo que sesionar en segunda convocatoria
por no haber concurrido la mitad más uno de los socios. La Asamblea aprobó
la nueva Junta y quedó al frente de la misma Eduardo Ahedo Ortíz,
quien a pesar del ambiente de oposición y falta de apoyos, trajo nuevos
aires al Centro. Una mayor actividad y responsabilidad en la presentación
de resultados en las Memorias permite conocer con mayor precisión las
actividades del Centro esos años.
El número de socios siguió presentando grandes problemas (21
nuevos ingresos frente a 46 bajas y la defunción de 9 asociados) y constituyeron
un reto insalvable. El Centro Vasco sufrió también entonces un
proceso de orden administrativo, se actualizaron y enviaron las credenciales
a los socios, y se solicitó a los mismas cuotas voluntarias para paliar
la crisis.
La mortalidad llegó a afectar tanto al Centro Vasco que los días
2 de noviembre de los años de 1966, 1967, y 1968 tuvo lugar una misa
en la Iglesia de San Ignacio de Loyola por los vascos fallecidos y sus familiares.
Sensibilizados por lo anterior la Junta Directiva del Centro Vasco tomó
mayor conciencia del problema de la ancianidad vasca en México, recluida
en el Sanatorio Español, y realizó varios actos de solidaridad,
el 24 de diciembre de 1966 les obsequió una cantidad en efectivo como
regalo navideño y el 6 de agosto de 1967 se celebró una Misa en
la Capilla del Sanatorio, actuando el cuadro artístico y entregando obsequios
a los ancianos. Actividad esta última que se repetiría en 1968.
Txistularis y Dantzaris eran una realidad viva en esos años y gracias
a su participación el Centro volvía a vivir momentos como en los
años dorados (hacía una década), por ello el Centro les
rindió también en 1967 un homenaje.
La falta de un Centro Deportivo provocó que ciertas actividades se desarrollaran
todavía en en el Club France en donde tuvo lugar la tradicional Romería,
con partidos de pelota, bailes de los dantzaris, concursos, banquetes y baile.
También para la ocasión se tomó pelicula a colores. Si
se hubieran conservado en el Centro, tendríamos unos testimonios que
de seguro congregarían otra vez a un sinnumero de público para
recordar aquellos días.
Eduardo Ahedo y Jacinto Lasa definitivamente promovieron la formalización
del Coro de Euskal Etxea. Encontraron la fórmula perfecta para lograr
la asistencia de los integrantes. Los ensayos se llevaban a cabo los miércoles
en la noche en la Sociedad Gaztelupe y después del ensayo, suculenta
cena preparada por Jacinto y siempre arropados para el nivel técnico
con Txomin Arrasate y Victor Gracia.
Las aportaciones de las cuotas de los socios entonces permitieron que el Centro
tuviera una buena infraestructura de equipo: sistema de sonido, tocadiscos,
televisión, cine sonoro, pantalla. Los bienes muebles como se puede apreciar
nos hablan de “la modernidad” del momento.
Para lograr el Club Deportivo, la Junta invirtió en Bonos del Ahorro
Nacional, a fin de constituir una reserva. En julio de 1968 se localizó
una finca en San Ángel que a juicio de la Directiva era idónea
para destinarla como Club Deportivo Vasco, sin embargo el 7 de julio en que
se citó a los socios a un día de campo hubo poca concurrencia,
y los ánimos de la directiva consecuentemente decayeron.
Las actividades de cooperación también tuvieron cabida en la
gestión de Ahedo y en octubre de 1967 el Colegio de las Vizcaínas
celebró su segundo centenario con gran participación del Centro
Vasco, actuaron el Coro y los Dantzaris. Hubo ciclo de conferencias, recital
de piano, y exposición de pintura vasca. Se descubrió una lápida
mortuoria en memoria de los fundadores y el responso quedó a cargo de
don Ramón de Ertze Garamendi.
La búsqueda de cooperación trató de extender su impacto
más allá de las fronteras nacionales y el 16 de mayo de 1968 visitaron
el Centro Vasco Vicente Lizarralde, presidente del Centro Vasco de Lomas de
Zamora, Buenos Aires, y el señor José G. Zugazagoitia, presidente
del Centro Vasco de La Victoria, Venezuela.
2.11 Los años 70
Javier García Urtiaga, presidió el Centro Vasco al iniciar la
década de los 70’s, con un extraordinario equipo, en el que se
encontraban entre otros: Yon de Luisa, Andoni Ruiz de Azúa, Ramón
Villanueva, Ramón Izaurrieta, Juan José Arrillaga. Un equipo que
tuvo que tomar “las riendas del Centro con el firme propósito de
buscar una solución definitiva a la cada día más grave
crisis que se presentaba en los antiguos locales de la Asociación”.
La Junta Directiva llegó a asentar:
Sin embargo quizá el fenómeno más trágico lo era
el período de decadencia por el que atravesaba la vida misma de la colectividad
vasca, Los socios tradicionales, las emakumes y la juventud no contaban ya con
las actividades sociales y culturales que en épocas pasadas habían
dado la vida, el abolengo y la tradición al Centro Vasco. En este contexto
dejó inclusive de haber cooperación por parte del Centro Vasco
para la publicación de Eusko Deya.
Tras numerosas consultas a la comunidad del Centro, a través de su Asamblea
se fueron estudiando, poco a poco las posibilidades prácticas del cambio
de sede que finalmente cristalizaron el 26 de julio de 1972 con la compra de
una finca en las calles de Aristóteles 239, en la elegante colonia de
Polanco, inmueble que por sus características se consideró el
más adecuado para las necesidades mediatas de Euskal Etxea. No sin gran
pena tuvieron que desalojarse los locales de Madero 6, que habían visto
pasar tanta historia de los vascos en México.
El cambio se realizó una noche de sábado contando con la colaboración
de especialistas, albañiles, herreros, y más de 20 socios que
coordinaron e intervinieron en la mudanza.
Para llevar a cabo dicha compra se hizo imperativo solicitar a los socios que
hicieran un esfuerzo económico considerable que permitiese reunir los
fondos necesarios para cubrir la mayor parte del valor de la finca, se hipotecó
ésta con el objeto de pagar el precio del inmueble y conservar un remanente
para sufragar gastos inmediatos de re-acondicionamiento.
Fueron años en el que algunos de los socios acabaron un tanto hartos
de solicitud de ayuda y más ayuda, sin entender las numerosas gestiones
de la Junta Directiva por conseguir un local digno. Las conversaciones para
la compra habían iniciado en mayo de 1972 con el grupo del Movimiento
Familiar Cristiano, ya para entonces socios como Víctor Olazábal,
consciente de la urgencia de la compra llegó a ofrecer 100,000 pesos,
él junto a Francisco Belausteguigoitia y Martín García
Urtiaga, fueron los principales pilares de la adquisición.
2.12 Aristóteles 239 (Sede actual de Euskal Etxea)
El cambio para Aristóteles, conllevó numerosos trámites
oficiales para su funcionamiento: licencias de construcción, las de restaurante,
cantina. En todos ellos el Centro Vasco contó con un colaborador excepcional
entre los socios: Jaime Odriozola quien gracias a su tesón, consiguió
allanar el camino . Para los aspectos arquitectónicos fue fundamental
la participación de: Ricardo de Robina y José María Pagazaurtundua,
quienes colaboraron en la solución de otros serios problemas que se fueron
presentando al proyecto de remodelación del arquitecto Héctor
Ortiz. Al panorama abrumador se sumaba el hecho de que había que buscar
nuevos concesionarios.
La precariedad de la situación, previa al paso a la nueva sede, provocó
que en 1971 se suspendiera incluso la fiesta de Nochevieja. No obstante los
Reyes Magos llegaron a Madero 6 el día previsto. Ese año cada
festejo tuvo características de despedida: era la última de su
género en las calles de Madero.
Actual sede: Aristóteles
El arribo a Aristóteles 239, trajo como dicen en México al referirse
al recién nacido “una torta bajo el brazo” en forma de nuevas
actividades y nuevos bríos. En agosto de ese año coincidió
la llegada a México del grupo de Danzas y Cantos Vascos Etorki, y con
ellos se inauguró el primer evento social en los locales de Aristóteles,
al obsequiárseles una comida tras la exhibición que dieron en
el Palacio de Bellas Artes. Los recién llegados confraternizaron con
los mexicanos y apreciaron el grupo de dantzaris que dirigían con gran
entusiasmo las hermanas Galarraga.
Pero la presentación del “Ballet Vasco Etorki” en Bellas
Artes no fue asunto fugaz. Uno de sus integrantes Modesto Lasa Sarasola decidió
quedarse en México y fue contratado por el Centro Vasco para enseñar
bailes, música, y adiestrar a la juventud en la ejecución instrumental.
El 28 de octubre de ese mismo año tuvo lugar la Asamblea General Ordinaria,
con reelección de la Junta Directiva y de forma inmediata empezaron las
clases de bailes para niños y mayores a cargo de Olga y Laura Galarraga,
coordinadas por Modesto.
Dentro de las iniciativas ocurridas con el cambio de sede, merece destacarse
también la constitución del grupo de Mendigoizales de México,
que surgió tras una conferencia pronunciada en el Centro Vasco en el
mes de diciembre de 1972 por Xabier Erro, sobre alpinismo y alta montaña.
Los primeros años en Aristóteles, tuvieron como denominador común
continuar con las fiestas tradicionales que se celebraban en el Centro Vasco,
con los elementos que las habían caracterizado en los años dorados:
bailes y txistu. Pero en ellas aparecieron junto al txistu nuevos instrumentos:
silbote, txirula, txalaparta, tun tun, alboka, sin olvidarse de los más
pequeños para quienes se programaron clases de txistu. Asimismo se intentó
reorganizar el Coro del Centro dirigido todavia por Txomín Arrasate.
La llegada de Modesto Lasa al Centro, reactivó otro aspecto fundamental
en la vida cultural: las clases de euskera, y desde el mes de junio de ese productivo
1973 quedó encargado de impartirlas.
Tocó a Nivardo Donnay continuar con la presidencia del Centro, secundado
por Javier García Urtiaga y en febrero de 1974 se trataron de reformar
los Estatutos.
La vida cultural del Centro trajo una conferencia de Jesús Alejandre,
sobre los acontecimientos de Euskadi norte. Las inquietudes políticas
y la sensibilidad de la comunidad seguían todavía latentes. En
marzo de 1974 se autorizó nuevamente a Alberto de Azua, representante
del Gobierno Vasco, a celebrar el Aberri Eguna en Euskal Etxea.
La comunidad del Centro sufrió en junio una pérdida irreparable,
el padre Ertze Garamendi, quien desde su llegada a México fue el sacerdote
recurrente para cuanta conmemoración religiosa hubo alrededor de los
vascos (bodas, bautizos, entierros, festividades) falleció.
Bajo la presidencia de Rufino Prieto Tellechea (1974-1975), el grupo de mujeres
tuvo un papel destacado: organizaron el cocktail al grupo musical Mocedades,
varios te canasta con desfile de modas incluido, y dejaron sentir su presencia
en la celebración de la cena-posada y de las fiestas de fin de año
y Reyes. Fue por entonces que la fiesta de la Tamborrada en unión a la
asociación Gaztelupe cobró un aspecto más definido, como
también ocurriese con el funcionamiento de la cafetería-taberna
y el restaurante. El grupo de mujeres por aquel entonces, carecía de
una presencia legal dentro de la toma de decisiones del Centro Vasco, tímidamente
algunas asistían a las Asambleas (sin que por los Estatutos estuviese
permitido), cómo la casi totalidad eran “esposas de asociados”,
carecían de voz y voto, lo que propició que en momentos álgidos
fuesen incluso expulsadas de la Asamblea. Para bien del Centro, todo ello es
“agua pasada”.
El incremento de socios, notorio, bajo la gestión de Prieto y la participación
del grupo de navarros, que organizaron en Euskal Etxea una fiesta en honor a
San Fermín, puede considerarse como un incipiente motivo de unión
entre toda la colonia Vasca de México. La procedencia geográfica
del entonces presidente, permitió en gran medida ese acercamiento.
El 20 de noviembre de 1975, el Centro Vasco, sin propaganda ni constancia en
actas celebra la muerte de Francisco Franco y con ello si bien el fin de la
dictadura, el inicio de la incertidumbre sobre el futuro de España y
concretamente del País Vasco. Días de celebración en los
que se evoca una ausencia muy sentida por la comunidad vasca en México:
la de Antonio Ruiz de Azua, quien la muerte meses antes le impidió vivir
el acontecimiento que culminaría tantos años de lucha desde Eusko
Deya.
José Martín Barinagarrementeria, presidió el Centro en
el siguiente período y fue sustituido por Rufino Prieto (1977-1978) que
repitió cargo. Bajo Barinagarrementería el juego del mus, cobró
cada vez mayor importancia, realizándose un campeonato relámpago.
Otras actividades trataron de instaurarse con el carácter de permanentes
como un Campeonato de tiro al blanco. Para la fiesta de Reyes Magos el Centro
participó inclusive con una carroza alegórica invitados por el
Gobierno del Distrito Federal.
La festividad de San Fermín tuvo continuidad, ya por entonces la comunidad
del Centro dejó de asistir a recintos eclesiásticos para las festividades
religiosas y se hizo costumbre oficiar la misa en el patio de la sede de Aristóteles.
El montañista Xavier Erro, organizador del grupo de Mendigoizales, conquistó
la cima del Acongagua, y el Centro Vasco, que colaboró con esta empresa
aportando 5,000 pesos, se siente partícipe del éxito y brindó
al “héroe” una cena homenaje en febrero de 1976.
Nuevas visitas procedentes de Euskadi permitieron que en el Centro Vasco se
incrementasen las actividades, como la realizada por el delegado del PNV, o
la del equipo de futbol Athletic del Bilbao, quienes llegaron en mayo de 1976.
La renovada vida del centro provocó un aumento considerable en la membresia
y se consiguió la tan esperada licencia para el funcionamiento de fiestas
y la venta de licores en las instalaciones.
La visita del Athlelic tuvo pronto repercusiones y surgió de nuevo un
equipo de futbol con el nombre de Deportivo Vasco que el 2 de octubre de 1976
compitió por vez primera en el Parque Mundet, en la categoria infantil
especial con jóvenes de 12 a 14 años.
Paul Aizpurua y Modesto Lasa se encargaron de mantener las tradiciones de Santa
Águeda y en 1975 entregaron al tesorero del Centro 5,520 pesos recaudados
tras la visita a los hogares vascos. Por entonces la Junta Directiva estudiaba
la viabilidad de mandar en verano a varios niños a Euskadi.
La gestión de la Junta Directiva con las autoridades delegacionales
consiguió en enero de 1976 el ofrecimiento del auditorio Angela Peralta
para posibles actividades que realizase el Centro Vasco.
La economía del Centro Vasco en el período de cambio a la sede
de Aristóteles, constituye todavía para nosotros, un asunto que
requiere de mayor estudio, entre el cual se encuentra la gestación de
la empresa Inmuebles Especializados, que funcionó hasta la liquidación
de la hipoteca del edificio .
En 1978 se habilitó por fin un frontón en el Centro Vasco y se
inauguró el 28 de febrero. Dentro de las actividades para recaudar fondos
el Comité de Damas realizó un te canasta y la casa Vanity presentó
su colección de temporada.
Gartzen Iñarritu, accedió a presidir el Centro, tras la Asamblea
Anual de 1978. Con los acontecimientos pasados, le tocó enfrentarse con
un ambiente poco propicio y receptivo. A pesar de ello en lugar de quedarse
de brazos cruzados luchó por mejorar la imagen del Centro tanto interna,
como externamente. En el mes de mayo el Centro ofreció una cena a industriales
vascos que asistieron a una exposición en el Palacio de Deportes de la
Ciudad de México.
La vida lúdica del centro vive un momento de gloria. El campeonato de
mus dio como ganadores a Bernardo Migueltorena y Martín Barinagarrementeria.
Por entonces el Centro recibió una invitación para asistir al
Campeonato Mundial de Mus de Clubs Vascos que se celebraría en San Francisco,
California. Se celebró un nuevo campeonato y tras la nueva victoria de
Migueltorena y Barinagarrementería, trajeron para el Centro Vasco de
México un tercer lugar tras competir con parejas de Europa y América.
México quedó programado como sede para el campeonato de 1981.
Los años 80
En la década que va de 1980 a 1990, el mundo occidental había
cambiado radicalmente en su estructuración política, en su equilibrio
de poderes, en sus concepciones intelectuales, en los productos culturales,
en las elaboraciones artísticas que habían llegado al ocaso de
todos los “post” y, sobre todo, en la manera que tenían los
propios ciudadanos de verse así mismos dentro de una sociedad que percibía
claramente el constante cambio. México a pesar de su economía
tan expuesta a altibajos participaba de esa modernidad y cambio. A mediados
de la década, el 19 y 20 de septiembre de 1985, México ocupaba
la cabeza de los titulares de los noticiarios de todo el mundo, un devastador
sismo dejaba al descubierto que la modernidad se había asentado sobre
un entramado urbano repleto de irregularidades de construcción, corrupción,
y pobreza extrema. Ante el terrible panorama, la solidaridad del pueblo mexicano
afloró como nunca antes. Una solidaridad de la que también el
pueblo vasco en México se contagió colaborando en las labores
de rescate y ayuda a los necesitados.
La década tuvo como inicial protagonista en esta historia de nuevo a
Gartzen Iñarritu Laresgoiti quien resultó elegido para presidir
la Junta Directiva de 1979-80 y 1980-81. Tras la falta de ánimo que reinaba
en el Centro, al presentar resultados de su período se congratuló
del aumento de socios y la mayor asistencia de éstos a los locales de
Polanco.
En la elección de planilla 1981-82, las votaciones estuvieron reñidas
y por diferencia de un voto ganó la de José María Sarría
frente a la de José Martín Barinagarrementería. Ni que
decir se tiene que los ánimos se calentaron.
José María Sarriá Oses, realizó de forma prioritaria
un programa de mantenimiento de las instalaciones. Y se incrementaron notablemente
otras actividades culturales tales como una exposición de pintura de
Irkus Robles Aranguiz y de Joseba Deuna y una conferencia de Juan José
Dorronsoro sobre las Ikastolas.
Se mantuvieron las clases de euskera, pero las iniciativas del coro mixto del
período anterior dejaron de tener continuidad y siguió como un
fantasma la falta de interés por los jóvenes en conformar un grupo
de danza. La Junta Directiva constataba con todo ello un problema acuciante
la integración real de los jóvenes en todas las facetas de la
vida y procesos del Centro, en la cultura, en el deporte, en las fiestas.
Paul Aizpurua, se encargó de mantener viva la fiesta de Santa Águeda
y a su iniciativa numerosos niños salieron a realizar el paseo y visita
de los hogares vascos, actividad que todavía en 1987 se mantenía
gracias a su tesón.
Bajo Sarriá se festejó en el Centro Vasco a la Virgen de Begoña,
y tuvo lugar una noche mexicana el 15 de septiembre, dos actividades que carecían
de notorios antecedentes y si bien la primera de ellas no caló, la segunda
cobraría cada vez mayor fuerza.
También entonces se estableció una costumbre reactivar las cenas
del último viernes de cada mes en el Txoko, reuniones en las que como
quedó expresado Paul Aizpurua Tellería fue el alma de las mismas.
Frente a la inactividad de los jóvenes, los varones adultos continuaron
con sus competencias de mus preparándose para el mundial que se celebraría
en Argentina. Asimismo la programación del Campeonato Mundial de Pelota
Vasca que tendría lugar en México en 1983 fueron un aliciente
para el uso del frontón del Centro y la Junta Directiva intentó
colaborar con las autoridades deportivas mexicanas y el presidente de la Federación
Internacional de Pelota Vasca, a fin de que el año siguiente el Campeonato
contara con una buena cobertura.
Los Mundiales de Pelota Vasca celebrados en México contaron con una
participación destacada de Josu de Garritz, los Mendiburu y Musi, paralelamente
Euskal Etxea organizó diversos actos en colaboración con la Confederación
Deportiva Mexicana, A. C. y la Federación Internacional de Pelota Vasca,
y en el Centro Vasco se ofreció un buffet a los participantes del mundial.
Tras los dos años de presidencia de Sarria, Juan José Arrillaga
Irusta presidiría la Junta Directiva por tres más (1983-1984,
1984-1985 y 1985-1986). La parquedad de información de las Memorias de
esos años en los que se limitan a expresar que “la normalidad de
los acontecimientos ha sido la tónica que ha prevalecido” acompañada
de unas “breves notas” de actividades, en donde la mayoría
de los rubros se reportan como “han tenido sus desarrollos normales”,
“han sido las de costumbre”, “siguen su curso” y similares,
hablan por si sólas de las inquietudes y respuesta tanto de las Juntas
Directivas, como de los asociados esos años.
Un incipiente taller cultural que inició en noviembre de 1983 impartido
por Josu Landa, no encontró quien lo continuase tras la marcha repentina
a Venezuela de Landa hasta bien entrado el año siguiente.
Mientras los niños jugaban en el patio bajo la atenta mirada de las
madres que aprovechan un poco de ocio y “medio” tiempo libre, para
conversar y olvidarse de las tareas cotidianas, las actividades deportivas y
los constantes y perseverantes jugadores de mus, parecen ser los únicos
interesados esos años en el Centro Vasco.
Las actividades, partidos, entrenamientos, y las competencias de “trinquete”
que se llevaron a cabo en 1983 en el frontón del Centro Vasco (los domingos)
permitieron asistir a los Torneos Internacionales de Paleta y Cesta Punta en
San Francisco, en Milfor, USA, en Biarritz, Euskal Herria y en México
en el Parque Mundet. En 1984 la pareja del Centro Vasco que representó
a México en el campeonato mundial amateur de Jai Alai que se celebró
en Montevideo, resultó sub-campeona. El año siguiente las parejas
del Centro Vasco quedaron campeonas en el Campeonato Nacional de Cesta Punta
-Jai Alai y en el de Paleta, por lo cual fueron programados para representar
a México en el Campeonato Mundial que se celebraría en Euskadi
en 1986.
El juego de mus por su parte llevó a los vencedores a competir a Venezuela
(1984), Donibane Garazi (1985) y Estados Unidos (1986).
Pocos párrafos más resumen la actividad “extraordinaria”
de los 3 años. Un festejo pro damnificados de Euskadi (1983), un ciclo
gastronómico en el Txoko (1984) y la colaboración del Centro en
el acto cultural “Encuentro de los Tres Durango” (Durango-México,
Durango-Colorado, Durango-Bizkaia) (1984), que se celebró en Durango,
México con asistencia de txistularis y acordeonistas del centro.
El 15 de enero de 1986 Julio Goyen Aguayo, trató de encontrar los restos
mortales del célebre y gran tenor vasco, Florencio Constantino y Carral,
fallecido en México, el 19 de noviembre de 1919, se localizó entonces
sus restos en la tumba propiedad del Centro Vasco en el Panteón Español
y tras exhumarse sus restos el 24 de enero fueron trasladados el 26 en Aerolineas
Argentinas a Buenos Aires. Al día siguiente el Centro Vasco le realizó
un homenaje.
Como colofón de este trienio de ejercicio, la Junta Directiva en sus
Memorias, pidió disculpas, “si en algún momento no tuvo
la delicadeza necesaria de comportamiento para con todos los asociados y amigos”.
Rufino Prieto Tellechea, accedió a la Presidencia del Centro en septiembre
de 1986 y permaneció en el cargo dos años. Con él comienza
una etapa de búsqueda de soluciones a ejercicios anteriores, inmersos
en una problemática económica de inflación de precios y
servicios. Se aumentaron las cuotas y los precios. Se separaron los consumos
de agua y energía eléctrica entre el restaurante y los servicios
propios del Centro, amén de resolver serios problemas de fugas de agua
que ocasionaban un excesivo consumo.
Las obras anteriores conllevaron realizar una nueva y completa instalación
de la red eléctrica, entubándose toda, ya que se encontraba desprotegida.
Se empezaron a realizar los trámites para la separación de líneas
solicitándose a la Compañía de Luz y Fuerza la instalación
correspondiente.
Se mandó construir una Toka y hubo consumos por la adquisición
de una nueva video-casetera.
Las actividades culturales tomaron a su vez un mayor giro. Josu Landa impartió
una conferencia sobre Unamuno y Euskadi. Gracias al apoyo de Josu Legarreta
Bilbao, asesor del Departamento de Cultura del Gobierno Vasco, que visitó
el Centro y tuvo un encuentro con los ex presidentes, comenzó una etapa
de ayuda inestimable, a raíz de esta visita se recibieron en el centro
28 videocasettes y 150 libros sobre diversos temas de Euskal-Herria.
Gartzen Iñarritu encontró unas instalaciones e infraestructura
que con el paso del tiempo empezaban a dar muestras de necesidad de reparación.
El gasto de inversión en el primer año de gestión fue enorme.
Compra de un equipo de gas, reparación de televisores, compra de nuevos
aparatos, un nuevo equipo de oficina (calculadora). Ante los eventos programados
la Junta Directiva decidió que ya era hora de “lavarle la cara”
al Centro.
Como buen administrador se levantó un inventario de las pertenencias
del Centro que permitió clasificar y realmente conocer cual era el patrimonio.
El Departamento de Cultura del Gobierno Vasco una vez más apoyó
al Centro Vasco de manera decidida, y se realizó gracias a su iniciativa
la Semana Cultural Vasca, del 19 al 24 de noviembre en la que participaron por
Euskadi el grupo de Taller de Danza “Manuel Iradier” de Vitoria,
el cantante Gorka Knör, también de Vitoria y los txistularis bilbainos
del Txori Alai. También intervino el grupo musical del Centro Vasco “Txalaparta”.
Asimismo a través del Gobierno Vasco la Biblioteca del Centro enriqueció
su acervo con varias colecciones de libros sobre pintura y escultura vasca,
además de seguir incrementando el fondo de videocassettes, cintas magnetofónicas,
y material para juegos de frontón y discos de acetato.
Las vinculaciones con Instituciones Vascas permitieron que ese año cuatro
jóvenes del Centro Vasco asistiesen a la “Universidad de Verano”
Euskadi 89, con sede el Leioa, Vizcaya, del 16 al 31 de julio. El objetivo de
la visita fue la convivencia con otros jóvenes hijos de vascos procedentes
de varios países de América y de Australia. Durante el encuentro
visitaron las 7 provincias vascas y participaron en conferencias relacionadas
con la historia y la economía de Euskadi.
Tras los esfuerzos la Memoria de 1988-1989 presentaba unos datos claros y precisos.
1. El Centro Vasco seguía siendo autosuficiente económicamente
y con los ingresos generados alcanzaba a cubrir sus gastos normales y algunos
extraordinarios. 2. Se habían recabado fondos por 22 millones de pesos
y se esperaban recibir otros 16. 3. La liquidez en las cuentas Bancarias reportaban
un saldo a favor de 70 millones de pesos. El lector comprenderá inmediatamente
que desde luego todavía no se quitaba a nuestra moneda los tres ceros.
2.13 Los 90
Tocó a Gartzen Iñarritu, continuar presidiendo el Centro Vasco
en el cambio de década, un período en el que se incrementó
la presencia y actividades del Comité de Damas, entre ellas los inolvidables
días de campo como las excursiones a la Marquesa en noviembre de 1989
en los que hubo juegos como antaño realizaban los jóvenes, soka-tira,
salto de cuerda, o la salida a Huixquilucan en donde jóvenes integraron
la mayor parte de los excursionistas. Bajo su gestión, la señora
Cristina Gómez Llata de Prieto, apoyada por la Junta Directiva continuó
llevando una encomiable labor en favor de los ancianos vascos residentes en
México, obteniendo un reconocimiento en el Congreso Mundial de Centros
Vascos.
El Congreso Mundial de Centros Vascos tuvo lugar en Argentina entre el 7 y
el 12 de noviembre, y el presidente Iñarritu y su esposa Esperanza Llano
asistieron representando a México. La labor realizada permitía
asistir con la cabeza en alto. Tras dicho encuentro Iñarritu regresó
al Centro con gran entusiasmo. En diciembre de 1989 Euskal Etxea recibió
una exposición de cuadros del pintor baztanes Xabier Soubelet, bajo el
título de “Paisajes vasco-navarros”, al mes siguiente Josu
de Landa protagonizó una velada poética dando lectura en euskera
a una selección de poemas de su libro entonces inédito “Arropaineko
tankak”; el pintor Jesús R. Jáuregui compartió la
velada leyendo las versiones en español de los poemas de Landa. Pero
quizá la consecuencia más notable del Congreso Mundial es la realización
durante los días 10 de marzo y 6 de abril de dos reuniones abiertas bajo
la denominación de “Diálogos sobre la Presencia Vasca en
México”. Los resultados de ambas jornadas de reflexión colectiva
fue una extensa carta sobre la situación del Centro Vasco y la comunidad
vasca en México, que se envió a los máximos representantes
del Gobierno Vasco, incluyendo al lehendakari Ardanza.
Además de las actividades mencionadas un curso de pintura con alumnado
regular, un homenaje al arpista Nicanor Zabaleta y la proyección de películas
infantiles permitieron tener un balance positivo en el apartado cultural. En
cuanto a los deportes, la Junta Directiva se hizo eco de la necesidad de incrementar
las actividades y sus esfuerzos se dirigieron a organizar un equipo de balompié
en medio de un “cúmulo interminable de adversidades y limitaciones”
habiendo delegado responsabilidades en Germán Saavedra y Jon Astigarraga.
Si los esfuerzos deportivos habían quedado como una tarea pendiente,
no nos sorprende que Josu de Garritz Ruiz, jugador internacional de pala, fuese
escogido como presidente del Centro Vasco, para incrementar las actividades
del Euskal Etxea. Su personalidad extrovertida, sus buenas relaciones en el
Gobierno Vasco y con la comunidad del Centro Vasco, permitieron tener una actuación
sobresaliente.
Con apenas un mes en la presidencia se organizó un concurso libre de
levantamiento de piedra, el ejercicio tenía un objetivo claro: rescatar
una tradición de Euskal Herria que no se realizaba en México y
tratar de encauzar el surgimiento de arrijasotzailes en la comunidad.
Con Garritz en el Centro se potenciaron asimismo muchas de las festividades
que la comunidad realiza como resultado de su criollización y/o aculturación
(fiestas patrias, halloween, entre otras). Asimismo aspecto importante en su
período fueron los actos de reconocimiento a la labor desempeñada
por los socios en diferentes actividades: a los campeones del mundo de mus como
Martín Barinagarrementería y Bernardo Migueltorena, o los pelotaris
Miguel e Isidro Mendiburu, Lorenzo Arrillaga y Pello Aguirre, quienes representaron
a México en el campeonato mundial de Pelota Vasca que se celebró
en La Habana. Los demás pelotaris mexicanos fueron objeto asimismo de
una cena de reconocimiento en noviembre de ese año.
Noviembre de 1990 continuó con actividades de difusión cultural,
el día 14 el historiador vasco-peruano Ronald Escobedo impartió
una conferencia sobre los Vascos en América.
El 28 de noviembre en el Txoko del Centro Vasco tuvo lugar una rueda de prensa
con el propósito de dar a conocer la iniciativa de la reinauguración
del Frontón México.
La Junta Directiva realizó asimismo otras reuniones buscando fortalecer
el aspecto cultural de Euskal Etxea como la sostenida con Javier Echeverría
Ezponda, vice-rector de Asuntos Internacionales de la Universidad del País
Vasco, y entre las actividades de colaboración en marzo conjuntamente
con el Instituto Francés de América Latina se proyectó
la película de Antón Ezeiza “Ke arteko Egunak” (Días
de Humo) y en mayo apoyó actividades paralelas a la exposición
que Andrés Nagel realizase en el Museo Rufino Tamayo.
Gran parte de los esfuerzos de Garritz con las autoridades gubernamentales
de Euskal Herría se encaminaron a la construcción de un frontón
(trinquete) en las instalaciones del Centro. Sus dotes diplomáticas consiguieron
que cada vez más el Gobierno Vasco atendiese las necesidades de la comunidad
vasca en México. Gracias a ello varios funcionarios llegaron a México:
En junio Carmelo Landa, diputado al Parlamento Europeo impartió en el
Centro una charla sobre el proceso de unificación de Europa. Carmelo
Sáinz de la Maza y Joseba Inchaurraga visitaron el Centro de forma oficial,
para organizar una visita del lehendakari Ardanza, que por razones políticas
localizadas en Euskadi se vio frustrada. No obstante lo anterior en agosto se
realizaría una nueva visita de Sáinz de la Maza (consejero secretario
de la Presidencia del Gobierno Vasco) y Begoña Salinas, secretaria del
lehendakari.
Tras Josu de Garritz, Juan José Arrieta Larregui, presidió el
Centro por dos períodos consecutivos 1993 y 1994, dando continuidad a
una trayectoria de vinculación del Centro Vasco con las entidades vascas
presentes en México y las Instituciones gubernamentales de Euskadi.
Con el Colegio de las Vizcaínas se estrecharon los lazos a través
de su patronato, presidido por José María Basagoiti y su directora
Magdalena Rius de la Pola, y sobre todo con el recién fundado Instituto
Vasco Méxicano de Desarrollo. El surgimiento de este último y
sus proyectos implican desde 1994 una historia bicéfala del desarrollo
vasco en México (Centro Vasco e Instituto Vasco Mexicano de Desarrollo),
por lo que esta crónica histórica se ha enriquecido con los logros
de ambas instituciones.
La presentación de libro Falaxa de Josu Landa, un campeonato de pelota
a pala, una excursión a la Marquesa, una degustación de vinos
Señorío de Sarria, la exposición del pintor Juan Antonio
Ikundain —quien donó un cuadro al Centro—, y un torneo relámpago
del jamón, conformaron junto a las festividades la vida desarrollada
en el Centro.
Un acontecimiento cultural de relevancia ese año, la realización
del IV Seminario de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País
(RSBAP), en los que Amaya Garritz, socia del Centro Vasco participó activamente,
permitió que el Centro Vasco aportase también su granito de arena.
El compromiso de Euskal Etxea en septiembre de 1993 llevaría a asentar
en la Memoria “el mes de septiembre fue de una actividad cultural extraordinaria”.
El acontecimiento académico-cultural, no era para menos y dio motivo
a la presencia de un nutrido grupo de personalidades políticas y académicas
procedentes de Euskadi y otras residentes en México. De entre los primeros
destacaba la presencia en México de Joseba Arregi (Consejero de Cultura
del Eusko Jaularitza) y Joseba Andoni Leizaola (presidente del Parlamento Vasco).
El Centro Vasco auspició la conferencia de Arregi sobre la política
Cultural del Gobierno de Euskadi que se impartió en la capilla del Convento
de Tepozotlán, el grupo de danzas del Centro Vasco “Oroitzak”,
dirigido por Miren Aguirre Lesaca, realizó una presentación en
las instalaciones de la Universidad Iberoamericana, Euskal Etxea también
participó en la velada literaria del miércoles 8 celebrada en
el claustro de Sor Juana y en el concierto del día 9 en la capilla del
Colegio de las Vizcaínas. Por último en las instalaciones del
Centro Vasco se escuchó la conferencia del P. José Ignacio Tellechea
Idigoras sobre los aspectos más destacados del IV Seminario de la RSBAP.
Si grandes fueron los logros del IV Seminario a nivel académico, mucho
se debió al respaldo del Centro Vasco.
Acciones como la anterior trajeron como consecuencia un mayor respaldo al Centro
Vasco de varios de los integrantes del Gobierno Vasco tales como Javier Urizar,
Josu Legarreta, Karmelo Sáinz de la Maza y Jon Azua, vice lehendakari,
preocupados por una mayor difusión de la cultura y las actividades vascas.
El segundo año de Arrieta, mostró cierta continuidad con el anterior,
respecto a los festejos realizados: Cenas de fin de mes, interrumpidas por circunstancias
extraordinarias como las vacaciones de verano o la sobrecarga de otras actividades
como las decembrinas. Se incrementó la participación del Centro
en otras festividades arraigadas en México (que poco tenían que
ver con el pueblo vasco, pero que buscaron integrar a los vasco-mexicanos) tales
como el día de la Madre, el día del Niño, una cena mexicana
durante los festejos de la Independencia o las Posadas.
El Campeonato de mus coronó ese año con la victoria de Javier
y Eustaquio Echenique en el campeonato mundial.
Agustín M. Palacios Barinagarrementería, representó en
1995 nuevas espectativas a un año precedente bastante rutinario, Josu
de Garritz estuvo entonces en la vicepresidencia y como suele ocurrir remontar
un bache de actividades supuso un reto considerable. No obstante a partir de
enero comenzaron las clases de Euskera, y en unos meses se organizó una
“Korrika” con el fin de promocionar su uso. En mayo se iniciaron
las clases de baile para niños teniendo como meta que las fiestas de
San Ignacio de ese año contasen con su participación; para ello
Maite Arrieta y Marisol Ochoa llevaron a cabo una labor de gran entrega.
Ante la falta de actividades culturales en la sede de Euskal Etxea y la leve
demanda de la comunidad, la Junta Directiva encauzó sus esfuerzos en
apoyar al Colegio de las Vizcaínas y a la Real Sociedad Bascongada de
Amigos del País; de este último organismo el 18 de mayo recibió
el nombramiento de Socio Honorario de la Sociedad.
Otro de los esfuerzos de la Junta Directiva estuvo en la remodelación
del área de la planta baja del Centro. El txoko fue ampliado para lograr
una mayor capacidad; dentro de esta remodelación se pintó el frontón
y la fachada del patio; asimismo se niveló el piso y hubo arreglos en
los sanitarios.
Pero al finalizar el año el presidente saliente no mostró interés
en continuar un período más. Pocos socios imaginaban o apostaban
por Modesto Lasa Sarasola para la presidencia del Centro Vasco, al finalizar
1995. Sorpresivamente, manifestó su interés en encabezar la planilla
para las elecciones, y el 27 de enero en la Asamblea Ordinaria de Socios fue
elegido unánimemente para el año 1996 teniendo como vicepresidente
a Agustín Odriozola Otaegui.
A los 5 días de haber tomado posesión comenzaron las actividades
extraordinarias en el Centro Vasco, como si se tratase de un preámbulo
que la nueva dirección venía repleta de actividad y proyectos.
El motivo fue la reunión en México de muchos integrantes de la
Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País y llevaron a la comunidad
vasca en Euskal Etxea un resumen de sus ponencias. Entre los ilustres invitados
se encontraban José María Aycart Orbegozo, su director, Jorge
Ascasibar Zubizarreta, miembro de la Diputación Foral, y los catedráticos
vascos José María Urkía Echave y Maite Recarte.
Tras cinco meses de gestión La Junta Directiva convocó a los
socios a una reunión de trabajo a fin de no sólo informar, sino
de vincular de una manera más democrática a los asociados y así
contar con el respaldo y apoyo de todos. Para entonces había ya una larga
serie de actividades que habían tomado cuerpo: las clases de euskera
impartidas lunes, jueves y sábados, las obras de remozamiento de Euskal
Etxea que supusieron impermeabilizar la azotea y el frontis del frontón
cerrado, pintar y colocar malla en el frontón abierto, y el retejado
y la impermeabilización del tejado del salón principal.
Torneos de Canasta, Cursos de cocina por el chef Pablo San Román y Servicios
de Internet, captaron pronto la atención de los asociados.
Bajo la gestión de Lasa se impulsó el Coro, los vínculos
con la Asociación Sukalde, el Boletín del Centro, consolidando
su publicación bimestral y emitiendo 500 ejemplares que se distribuyeron
entre los socios y llegaron a numerosas instituciones.
Conciertos como los de Makochi, la fanfarre creada entre los jóvenes
asociados, o las propias clases de txistu que Modesto venía realizando
desde su incorporación al Centro Vasco, consiguieron cubrir otros apartados
festivos del Centro.
Consciente de que una buena gestión iba acompañada de una excelente
e impecable contabilidad la Junta Directiva contrató los servicios de
Blasco y Asociados, S. C.- Contadores Públicos, con resultados positivos
de inmediato.
Antes de finalizar el año todavía dos actos extraordinarios tuvieron
lugar: el 8 de noviembre el Centro Vasco de Mexico fue la sede del Omenaldi
organizado por la Society of Basque Studies in América que congregó
a más de 250 personas. En el acto José Ramón Cengotitabengoa,
presidente de la Society, presentó la lista de los homenajeados ese año:
El Colegio de las Vizcaínas, El Centro Vasco, Fray Juan de Zumárraga
y Martín García Urtiaga. De cada uno de ellos hubo una semblanza
que fue leida por José María Basagoiti, Josu Landa, Amaya Garritz
y Modesto Lasa respectivamente. El Omenaldi además de reunir a socios
y amigos de los vascos de Nueva York, Chicago, California, Euskadi y Cuernavaca
fue una símbiosis de música en la que junto al txistu y el acordeón
interrumpió el mariachi, llenando el espacio de una alegría desbordante.
En diciembre y antes de las celebraciones navideñas acostumbradas la
Junta Directiva hizo alarde de gran enjundia al organizar el Día del
Euskera el día 6 y el homenaje a San Francisco Javier, cuya festividad
había ocurrido 3 días antes.
El acontecimiento resultó una velada músico-literaria de primer
nivel (txistularis, pianistas, tenores, escritores), colaboraron las amas de
casa en preparar los canapés, y la totalidad de la comunidad hizo suya
la fiesta, no como simples espectadores sino uniéndose a los cantos y
las melodías.
1996 fue según Modesto el año de consolidación de relaciones
con las instituciones vascas en México. Organizándose eventos
en común con el Patronato de las Vizcaínas, con el Instituto Vasco
Mexicano de Desarrollo, A. C., con la Real Sociedad Bascongada de los Amigos
del País, con todos los cuales se habían conseguido iniciar proyectos
de colaboración. Además de ello las relaciones con Eusko Jaurlaritza
fueron constantes y cordiales, se recibieron las visitas de Andoni Ortuzar Arruabarrena,
Iñaki Aguirre Arizmendi, Josu Legarreta Bilbao, mismas que reportaron
el apoyo económico que el Centro requería para tanta iniciativa.
Andoni Ortuzar Arruabarrena, secretario de Acción Exterior del Gobierno
Vasco, había llegado recién comenzado el año a México
para colocar la primera piedra del Proyecto Integral Vasco-Mexicano en Ecatepec,
Estado de México. En junio había tenido lugar la visita del director
de Relaciones con las Colectividades Vascas, Iñaki Aguirre quien tuvo
una sesión de trabajo con la Junta Directiva del Centro Vasco.
Los tentáculos de Modesto habían conseguido hacer mella en diferentes
Ayuntamientos Vascos, en Euskal Telebista, en la Universidad del País
Vasco, en Euskalzaindía (Academia de la Lengua Vasca), Euskal Etxeak,
Deia, Diario Vasco, Egin, entre otras, dando cuenta de que el Centro Vasco de
México seguía no sólo vivo, sino activo.
La respuesta de México cara al Gobierno Vasco fue altamente satisfactoria.
Junto a los logros del Centro Vasco, el Instituto Vasco Mexicano de Desarrollo
presentaba ya resultados inmediatos.
Los logros anteriores y la buena marcha de Euskal Etxea ese año fueron
una inmejorable carta de presentación de que México repuntaba.
Al comenzar 1997 y plantearse la realización de la Asamblea Ordinaria,
entre los socios no hubo dudas: Modesto Lasa, debería continuar presidiendo
el Centro con la mancuerna de Agustín Odriozola.
Reyes, la Tamborrada, veladas literarias, musicales, reconocimientos, carnavales,
excursiones, torneo de mus, presentaciones de libros, el Aberri Eguna, las fiestas
de San Prudencio, otros festivales infantiles, Korrika 97 y premiaciones constituyeron
en 1997 un preámbulo para el gran festejo: los 90 años de fundación
del Centro Vasco que se realizaría el 20 de junio. El programa de festividades
contemplaba una agenda repleta de celebraciones a partir de las 20.30 horas
aprovechando la visita a México del lehendakari José Antonio Ardanza
Garro.
Por la mañana, el presidente del Gobierno del País Vasco, tuvo
un encuentro con la comunidad académica del Instituto de Investigaciones
Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México,
en relación al proyecto Los vascos en las regiones de México,
siglos XVI a XX, coordinado por Amaya Garritz, del que ya había dos,
de los seis, volúmenes publicados. Al acto asistió el rector,
doctor Francisco Barnés de Castro. Por la tarde se dirigió a las
Instalaciones del Centro Vasco. Intervino el Coro, Manuel Suárez al violín,
y Juan Viguria al piano quienes dieron un recital, así como el tenor
Luis María Bilbao. Estaba preparado un cocktel para dar por finalizada
la jornada que había además contado con la inauguración
del Euko Domo, la obra más importante realizada en el local de Aristóteles
desde su adquisición.
Todo se desarrolló con normalidad hasta la hora de los discursos. Político
de palabra directa, Ardanza no vaciló en criticar con aspereza a ETA
que, según expresó el lehendakari “no está interesada
en dialogar porque entonces se acabaría su razón de ser”;
estas y otras declaraciones del lehendakari a la prensa local que habían
recogido su postura de que la presencia de ETA “es una excusa fantástica
para España, la mejor excusa del Estado español para estar presente
en muchas cosas”, y precisaba que el grupo armado “es nuestro mayor
lastre, nuestro mayor descrédito nacionalista”, caldearon los ánimos
de algunos socios simpatizantes de ETA, que levantándose de sus asientos,
sacaron una pancarta y caminaron en señal de protesta, acto que molestó
profundamente a una gran parte de los asistentes.
Las consecuencias de aquella noche llevaron a Modesto Lasa a presentar su renuncia
ante la Junta Directiva, el 27 de agosto.
Una administración profesional, la promoción de nuevos asociados,
la recuperación de fiestas tradicionales, la fundación de la fanfarre,
el coro, el fortalecimiento de relaciones con las Instituciones Vascas de México
y de Euskadi, sus gestiones para conseguir un terreno para el Deportivo Vasco,
el haber conseguido un donador para las obras del futuro salón San Ignacio,
la tienda de souvenirs, la revitalización de los actos músico-literarios
con participación de grupos como Ars Antiqua México, Grupo Macochi
o valores vascos como Luis María Bilbao, el acercamiento como grupo a
Euskal Etxea de la Sociedad Amalau, el apoyo a los cocineros vascos en la formación
de la Asociación Sukalde, el término de una malagestión
del restaurante vasco, el apoyo al equipo de football, el eusko domo, y un larguísimo
etcétera en tan sólo año y medio de gestión finalizaban
tristemente.
El volumen de información reportado en las Memorias esos años
de 1996 y 1997 fue abrumador, resultado de una dedicación de “tiempo
completo” al Centro Vasco, ni que decir se tiene que constituyeron un
hito en la historia escrita del Centro y desgraciadamente no ha sido ni igualado
ni superado.
Josu de Garritz Ruiz accedió a la presidencia en su calidad de primer
director suplente del Centro Vasco, una figura que había aparecido ese
año por primera vez en la Junta Directiva. En su carácter de director
del Instituto Vasco Mexicano de Desarrollo se daba con él, también
continuidad a las iniciativas que el Gobierno Vasco venía desarrollando
en México desde 1994 en el Proyecto Integral Vasco-Mexicano.
Josu Garritz, tras finalizar el período que había comenzado Modesto
Lasa, no quiso continuar en la presidencia pues el Instituto Vasco Mexicano
de Desarrollo requería de sus esfuerzos.
Eduardo Ormaechea Pascual, fue elegido para presidir el Centro Vasco en 1998
y fue reelegido también para 1999. En ambos periodos contó en
la vicepresidencia con la asistencia de José Jon Pagola Duo y una Junta
Directiva con participación de ambos sexos.
Las actividades culturales de 1998 comenzaron con dos conciertos ofrecidos
por el tenor Luis María Bilbao en febrero, a ellos siguió una
plática de José María Basagoiti en abril sobre Pintores
y Pintura Vasca, y la lectura de varios capítulos de la novela “Zarandona”
que preparaba Josu Landa en el mes de mayo. En noviembre Javier Leyva dio un
concierto de txistu y expuso sus acuarelas. El apartado pictórico se
completó con la exposición de cuadros de Lourdes Arrechea, socia
del Centro Vasco. La mayoría de las actividades fueron programadas dentro
de las “cenas de fin de mes”, con lo cual se consiguió atraer
mayor público y dotar a los acontecimientos de una oferta variada para
los socios.
La presencia del Gobierno Vasco y su respaldo al Centro estuvieron muy presentes
en ese año. En abril se recibió la visita de María del
Carmen Garmendia, consejera de Cultura del Gobierno Vasco, la cual presentó
a los socios una amplia información sobre las actividades desarrolladas
en Euskal Herría en los ámbitos de Educación, Lingüistica,
Ikastolas, Sinfónicas, Museos, Relaciones Culturales y su impacto en
el resto de los países donde la comunidad vasca había desarrollado
intereses grupales. En julio visitó el Centro el diputado Josu Bergara
a quien se le ofreció una cena. El 28 de octubre llegó en visita
oficial el lehendakari José Antonio Ardanza, que cumplía 14 años
en el mandato. El lehendakari presidió una reunión con la Mesa
Directiva y junto a su esposa asistieron a una cena de gala organizada en el
Centro.
Otras representaciones políticas llegaron también ese año
a Euskal Etxea. En mayo Jone Goiricelaia, diputada de Herri Batasuna y Mikel
Korta, representante de Relaciones Internacionales de dicho partido; y en noviembre
Esther Aguirre, diputada de Euskal Herritarrok y Mikel Korta, delegado de Relaciones
Internacionales de la misma agrupación, quienes impartieron una plática
bajo el título “Foro de Lizarra”.
El Mundial de Pelota Vasca celebrado en México ocasionó que cerca
de 300 personas fueran agasajadas en el Centro Vasco, entre ellas el presidente
de la Federación de Pelota Vasca de Euskadi, José Ramón
Garai.
Un curso de cocina impartido por el chef Mikel Alonso, campeonatos de mus,
el festejo Kilometroak 98, que permitió enviar un donativo para la Ikastola
de Tolosa, Guipúzcoa, concursos, bailes y otras actividades de hermandad
con los vascos en Celaya (Sociedad Arrano Beltza), con la Real Sociedad Bascongada
de Amigos del País en sus actos desarrollados en San Luis Potosí,
amén de las fiestas tradicionales completaron el primer ejercicio.
Si 1998, había implicado una presencia real del Gobierno Vasco a través
de sus enviados, 1999 no se quedó atrás, el 15 de febrero Iñaki
Aguirre Arizmendi, director de Relaciones con las Colectividades Vascas se reunió
con la mesa directiva y recibió un informe de las obras realizadas por
el Centro Vasco. Diez días después el diputado foral de Bizkaia
Pedro Hernández dictó la conferencia “Presente y futuro
de la economía y el empleo en Bizkaia”. En julio volvió
a visitar México el lehendakari José Antonio Ardanza, dentro de
su programa de actividades visitó también Euskal Etxea, donde
impartió una conferencia acerca de la situación en Euskadi, pero
otros dos acontecimientos fueron motores principales de la visita. El primero
la inauguración de las nuevas instalaciones del Instituto Vasco Mexicano
de Desarrollo y la segunda la conmemoración de los 60 años de
la llegada a México del exilio español, evento este último
que se realizó en la delegación de Tlalpan.
También en 1999 representantes de otros partidos vascos visitaron el
Centro, y Jone Goiricelaia y Mikel Korta de HB regresaron para hablar sobre
los “Acuerdos de Lizarra”.
Ormaechea, trabajó para vencer el refrán de que segundas partes
nunca fueron buenas y al leer el balance de su informe anual, todo indica que
lo consiguió. En marzo se organizó la Semana del Cine Vasco en
México y en el Centro Vasco se dictó una plática sobre
la propia semana y la trayectoria del Cine Euskaldun, asistiendo Martín
Ibarbia, presidente de Euskadiko Filmategia y varios actores entre ellos Pedro
Armendáriz. El mes siguiente, en abril, José María Herrasti,
director entonces de Operaciones, Corporación y Cooperativa de Mondragón
Guipuzcoa, dictó la conferencia “Mondragón. Un modelo Corporativo”.
De dicha plática y a propuesta de Jesús Aragonés, director
en México de Mecánica de la Peña surgió una nueva
reunión con diferentes empresarios industriales y socios del Centro Vasco
a fin de formar una agrupación que intercambiase ideas y proyectos. Dentro
de las actividades culturales, volvió al Centro el tenor Luis María
Bilbao, el coro del Centro, con el respaldo de la directiva tuvo a lo largo
de todo el año una actuación destacada.
En mayo el Centro Vasco volvió a incentivar al Equipo Euskadi-Centro
Vasco, para la Copa Centenario de Fut Bol Torneo Millenium, entrenados por Gregorio
Blasco, quienes en julio recibieron un homenaje por haber quedado nuevamente
campeones. La competencia anual de Mus, que se cerró en junio, dio como
ganadores ese año a José Luis Fernández y Julio Fernandez;
y en octubre se celebró en México el Campeonato Mundial de Mus
de las Comunidades Vascas, teniendo como sede el puerto de Acapulco.
Noviembre estuvo cubierto por otras actividades y el 19 Josu Landa presentó
su libro Zarandona, el 26 los directivos que asistieron al II Congreso Mundial
de Colectividades Vascas celebrado en Vitoria Gasteiz (Eduardo Ormaechea, José
Jon Pagola y Gotzon Uribe), junto con el socio Gerónimo Saavedra Ordorika
que acudió al Programa Gaztemundi, expusieron una amplia y detallada
información acerca de sus experiencias y tratados en dichos eventos,
exposición que fue acompañada por diapositivas y se entregó
una copia de los acuerdos tomados.
Durante el año hubo varias cenas y reuniones como las sostenidas con
los euskero parlantes (Jandalan, Euskaltzale Taldea), o las de las peñas
futbolísticas tanto del Athletic como de la Real y Osasuna, que dieron
al Centro una mayor vida social.
Se inauguraron ese 1999 dos obras en el segundo piso. La primera destinada
como mini-gimnasio con baños para damas y caballeros con duchas y casilleros
y la segunda un salón en el tercer piso junto a la biblioteca que se
acondicionó con un equipo de video y de TV con pantalla gigante. Asimismo
se reparó la mesa de billar y se creó un área grande para
bodega.
2.14 El Nuevo Milenio
El año 2000, fin del milenio y comienzo de otro nuevo trajo un cambio
notorio al Centro Vasco, por fin una mujer accedía a la Presidencia del
Centro. Itziar Urquiola Mendicute, quien se ocupó por dos años
(2000 y 2001) de los destinos del Centro, secundada en la vicepresidencia por
Juan José Arrieta Larregui.
Una de las primeras actividades extraordinarias programadas fue el reencuentro
de las diferentes personas que integraron los grupos de danza del Centro Vasco.
Un acto lleno de emotividad y donde muchas personas regresaron al Centro Vasco
tras muchos años de ausencia. Acto que en el año 2001 se volvió
a realizar en octubre tratando de allegarse a otros asociados.
Como continuación de la vinculación con el Gobierno Vasco y partidos
políticos, visitaron el centro el diputado Koldo Gorostiaga de Euskal
Herritarrok en el Parlamento Europeo que dictó una conferencia sobre
el tema Euskal Herría en Europa, y el lehendakari Ibarretxe que el primero
de abril se reunió con los directivos del Centro. La ocasión se
aprovechó para inaugurar el salón del segundo piso con una exposición
taurina.
Juan José Ibarretxe llegó a México en un momento álgido
de su gobierno. Desde su toma de posesión fijó su objetivo prioritario:
ahondar en el proceso de pacificación iniciado meses antes con la creación
del Pacto de Lizarra-Garasi (Estella, foro democrático de partidos nacionalistas
y antesala de la tregua etarra), lo que suscitó un inédito, aunque
efímero acuerdo parlamentario con la izquierda abertzale (nacionalista).
Sin embargo, tras el rompimiento de la tregua de ETA y el reinicio de las acciones
armadas, en enero, el gobierno de Ibarretxe sufrió las más severas
críticas desde el gobierno central de José María Aznar
y desde los representantes locales de los partidos llamados “españolistas”
(Partido Popular y Partido Socialista Obrero Español), lo que también
le sumió en una soledad parlamentaria, con apenas 25 por ciento del apoyo
camaral a su gobierno.
Dentro de las actividades desarrolladas por Ibarretxe en México se encontró
la inauguración —junto con el gobernador del Estado de México
Arturo Montiel—, del tercer proyecto de Tecamac: Los Talleres Productivos
para Discapacitados Tecamac, IAP.
En el Centro Vasco la competencia de mus, con el incentivo de los viajes a
los torneos mundiales continuó teniendo buena respuesta y la actuación
victoriosa del equipo de futbol del Centro, llevó ese año a Euskal
Etxea de México a obtener un segundo lugar en el Torneo de Inmigrantes
organizado por el Club Reforma y la victoria en el Torneo del Centro Gallego.
Entre las novedades de su período destaca la dedicación de un
día al mes a los niños, quienes tuvieron una gran cantidad de
actividades (películas, dibujos con acuarela, plastilina, pesca, juegos).
Asimismo diciembre trajo otras novedades al centro: un primer concurso de pintura
infantil con exposición de trabajos y premiación y la colocación
de un nacimiento vasco durante las festividades decembrinas.
Itziar Urquiola buscó asimismo llenar el centro de actividades culturales,
además del respaldo al Coro y la apertura de las clases de txistu por
José Manuel Ugarte y las de baile para niños organizadas por Miren
Aguirre Lesaca, el siguiente cuadro resume los logros:
2000
Marzo Exposición. Temas taurinos Rafael Sánchez de Icaza
Mayo Exposición. Pintura Gloria Belausteguigoitia
Junio Conferencia Master Interactivos en Internet Pilar Díez Arregui
Agosto Pláticas Fundación Sabino Arana
Octubre Concierto Piano, Violonchelo y Violín “Sonnen”
Noviembre Exposición. Pintura Román Maíz
Conferencia Gabriel Cevallos
Diciembre Exposición de pintura infantil Colectiva
2001
Febrero Curso culinario Pablo San Román
Marzo Exposición. “Huellas de Tinta” Joseph Tham
Septiembre Conferencia “Frida Kahlo. Su vida su obra” Walter Astie
Burgos
Exposición Armando Gómez Peña
Octubre Exposición. Pintura “Lo único eterno” Colectiva
Noviembre Exposición porcelana Taller Mayte Medina M.
Exposición. “Mujeres, pigmentos metales” Fanny Pacheco
Exposición. “El camino del color-el color del camino” Enrique
Sierra
Diciembre Exposición de pintura infantil Colectiva
Los torneos de mus cada vez más atractivos, llevaron en el 2000 a los
ganadores a San Sebastián, y en 2001 más premios sustanciales
como viajes a Euskadi, Las Vegas o Acapulco. El abierto a ocho reyes fue ganado
en 2001 por Isidro Mendiburu Cenoz y Pablo Mendiburu Agraz.
Una estricta depuración de asociados, eliminando a morosos en pago de
cuotas y otras situaciones irregulares dejó al Centro Vasco con unos
números más certeros pero que hablan de una cruda realidad. De
los 246 socios reportados en 1999, quedaron 218 socios en 2000 y 203 en 2001.
Bajo Itziar Urquiola tuvo también comienzo la realización del
presente trabajo, que si bien contó con el respaldo de la dirección,
tuvo que enfrentar los problemas inherentes a la falta de una memoria sistematizada
del archivo del Centro y su conservación. Durante su ejecución
Yon de Luisa, Modesto Lasa, Ana Mari Alvaradejo nos ayudaron con la información
que estaba a su alcance, Maite Arrieta y otros muchos socios colaboraron para
la elaboración del Banco de Datos y Miren Aguirre nos proporcionó
su archivo gráfico, parte del cual constituye el soporte iconográfico
del presente estudio.
Para los periodos 2002 y 2003 el Centro Vasco ha contado con el entusiasmo
de José Antonio Zugarramurdi Iribarren en la presidencia y de Juan José
Arrieta Larregui en la vicepresidencia, que han continuado con la mayor parte
de las actividades tradicionales, hasta la Tamborrada de enero que tuvo una
gran concurrencia y éxito.
Respecto al Proyecto Integral Vasco-Mexicano, hasta el momento se encuentran
en funcionamiento tres de los cinco proyectos de los que inicialmente iban a
configurar el proyecto integral. Una vez estén asentados, se comenzará
la gestión para la realización de los otros dos. Dada la carencia
de facilidades en la asistencia médica, para el cuarto proyecto se pensó
en la creación de un Centro Vasco-Mexicano de Salud, donde a toda la
población de la zona tendría asistencia médico y, además,
también se daría capacitación en las áreas de enfermería,
primeros auxilios, secretaría para consultorios, entre otros. El proyecto
final del proyecto integral, consistiría en un Fondo Vasco-Mexicano para
la Creación del Empleo y Polígono Industrial.
Confiamos que la vida futura del Centro Vasco, venga como el año nuevo
2003 cargado de propósitos, nuevos proyectos, compromiso y entusiasmo.
México, Distrito Federal, diciembre 2002.